En una prisión imperial...
Un hombre permanecía encadenado.
Había sido el juez más honesto de Duskaria.
Su nombre...
Judicar.
Lo condenaron porque se negó a obedecer al Imperio.
Mientras esperaba su ejecución...
Las paredes comenzaron a cubrirse de oscuridad.
Los guardias cayeron inconscientes por el aura.
Kael apareció frente a la celda.
—¿Quién eres?
Preguntó Judicar.
Kael respondió.
—Alguien que también fue condenado...
Antes de cometer un crimen.
Kael rompió las cadenas de un solo golpe.
Judicar cayó de rodillas.
—¿Por qué salvarme?
Kael respondió:
—Porque la justicia murió hace mucho tiempo...
...y necesito a alguien que la recuerde.
Judicar tomó su espada.
La levantó frente al Fundador.
—Desde hoy...
Mi juicio será el suyo.
El cuarto símbolo de Mors Aeterna comenzó a brillar.
Mientras escapaban...
Darius detuvo a un escuadrón completo de caballeros él solo.
Su enorme espada destrozó sus escudos.
Judicar lo observó sorprendido.
—Ahora entiendo...
No sigues a un monstruo.
Sigues a un hombre que les dio un propósito.