El líder de los Archimagos apareció.
Su cuerpo era inmortal gracias a un ritual antiguo.
Comenzó a reír.
—Jamás podrás matarme.
Kael caminó lentamente.
Sin prisa.
Sin ira.
Solo sonriendo.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo?
El mago guardó silencio.
Kael levantó Mors Aeterna.
Los dos dragones rugieron.
El cielo desapareció bajo la oscuridad.
Entonces dijo:
—Todo aquello que posee un cuerpo...
Todo aquello que posee un alma...
Todo aquello que alguna vez nació...
El mundo quedó completamente en silencio.
...también posee una muerte.
El Archimago gritó.
—¡¡SOY INMORTAL!!
Kael sonrió aún más.
—No.
Simplemente...
...todavía no habías encontrado tu muerte.
Con un solo movimiento...
La oscuridad atravesó el ritual.
Los miles de sellos comenzaron a romperse.
El cuerpo del Archimago empezó a desvanecerse.
Por primera vez en siglos...
Sintió el paso de la muerte.
Antes de desaparecer preguntó:
—¿Qué... eres...?
Kael respondió:
—Soy el hombre al que la muerte eligió como su Fundador.
El templo entero se derrumbó.
Muy lejos...
Los Semidioses del Zodiaco abrieron los ojos al mismo tiempo.
Uno de ellos sonrió.
—Al fin...
Un enemigo digno.