Mientras la guerra continuaba...
Una figura descendió del cielo.
Era un hombre gigantesco.
Más de dos metros de altura.
Sin espada.
Sin armadura.
Solo llevaba vendas en sus puños.
Sonrió.
—Así que tú eres Kael.
Dicen que eres invencible.
Kael observó sus manos.
Luego...
Clavó Mors Aeterna en el suelo.
Darius abrió los ojos.
—¿Mi señor...?
Kael comenzó a caminar.
Sin espada.
Sin dragones.
Sin oscuridad.
Solo con sus puños.
El gigante sonrió.
—Perfecto.
Un combate de verdad.
Los dos desaparecieron al mismo tiempo.
¡BOOM!
Sus puños chocaron.
La onda expansiva hizo temblar las montañas.
Los soldados dejaron de luchar.
Todos voltearon a mirar.
Nadie utilizaba magia.
Nadie utilizaba armas.
Solo fuerza.
Solo técnica.
Golpe tras golpe.
El gigante comenzó a reír.
—¡JAJAJA!
¡Por fin alguien capaz de seguirme el ritmo!
Kael...
Sonrió.
Aquella sonrisa tranquila.
La que anunciaba peligro.
—Hace mucho...
Que no disfrutaba un combate.
El gigante lanzó un último golpe.
Kael lo esquivó por centímetros.
Y respondió con un puñetazo directo al pecho.
El impacto lanzó al guerrero varios metros atrás.
Se levantó... riendo.
—Ahora lo entiendo...
No eres fuerte por tu poder...
Eres fuerte porque jamás dudas.
Kael respiró profundamente.
Y dijo una frase que quedó grabada por todos los presentes.
"Un arma puede romperse."
"Un poder puede agotarse."
"Pero una voluntad que ya aceptó la muerte..."
Una leve sonrisa apareció.
"...no conoce la derrota."
Los dos volvieron a lanzarse el uno contra el otro.
Y el capítulo terminó...
Con el choque de sus puños iluminando todo el horizonte.