El amanecer desapareció.
No por las nubes.
Sino por los ejércitos.
Más de un millón de soldados rodeaban Noctaris.
Humanos.
Elarim.
Elfos.
Magos.
Gigantes.
Bestias domadas.
Dragones Imperiales.
Todo Duskaria se había unido.
Un solo enemigo.
El Fundador.
Kael salió de la ciudad.
Solo.
Detrás de él...
Los cinco Apóstoles.
Miles de habitantes observaban.
Nadie hablaba.
Entonces Kael desenvainó lentamente Mors Aeterna.
Su voz fue tranquila.
—Hoy...
...el mundo vino a destruirnos.
Silencio.
—Demostrémosle...
Una sonrisa apareció.
...que fueron ellos quienes cavaron su propia tumba.
Los Apóstoles sonrieron.
La guerra comenzó.