El cielo se abrió.
Una luz dorada descendió.
Toda la guerra se detuvo.
Incluso Kael levantó lentamente la mirada.
Un hombre cayó desde las nubes.
Cabello dorado.
Armadura celestial.
Una capa roja.
En su pecho...
El símbolo de ♌ Leo.
Su sola presencia hizo temblar a los dragones.
Uno de los generales cayó de rodillas.
—E... es...
Un Semidiós.
Leo caminó lentamente.
No miró al ejército.
No miró a los Apóstoles.
Solo observó a Kael.
—Así que tú...
Eres el hombre que desafía al destino.
Kael sonrió.
—Y tú...
¿Quién eres?
Leo respondió.
—Soy quien enterró imperios antes de que nacieran.
Soy el León Celestial.
Y hoy...
Tu historia termina.
Kael soltó una pequeña risa.
La primera en varios capítulos.
Luego dijo:
—Todos hablan del destino...
...como si fuera una cadena.
Levantó Mors Aeterna.
—Yo prefiero verlo como una puerta.
Y toda puerta...
La oscuridad comenzó a envolver la espada.
...puede romperse.
Leo sonrió por primera vez.
—Perfecto.
Entonces...
Veamos si también puedes romper a un dios.
Los dos desaparecieron al mismo tiempo.
¡¡BOOOOOOOOOOM!!
El choque entre la oscuridad y la luz dorada partió el cielo.
Y así...
Comenzó la primera batalla entre el Fundador de la Muerte...
Y un Semidiós del Zodiaco.