En el Gran Imperio...
Aether entrenaba sin descanso.
Cada golpe de su espada destruía enormes pilares.
Un maestro Elarim lo observaba.
—Sigues pensando en él.
Aether bajó la espada.
—Sí.
El maestro suspiró.
—Entonces nunca podrás derrotarlo.
Aether respondió.
—No quiero derrotarlo.
Quiero salvarlo.
En ese instante...
Llegó un mensajero.
Traía una noticia.
—Mi señor...
Leo ha muerto.
Aether dejó caer la espada.
No podía creerlo.
Si Kael ya era capaz de matar a un Semidiós...
¿Cuánto tiempo faltaba para que el mundo entero cayera?
Aether levantó la vista.
Y por primera vez...
Pronunció una promesa.
—Kael...
Aunque tenga que cruzar mi espada contigo...
No permitiré que destruyas este mundo.
Muy lejos...
Kael observó la luna.
Como si hubiera escuchado aquellas palabras.
—Aether...
Espero que para ese día...
Seas lo suficientemente fuerte.