La noche era silenciosa.
Kael permanecía sentado frente a una fogata.
Mors Aeterna descansaba a su lado.
De repente...
La espada vibró.
No era un enemigo.
Era...
Como si estuviera respondiendo a un llamado.
En el Palacio Imperial...
La espada blanca también comenzó a temblar.
El Emperador la observó.
—¿Qué ocurre?
La espada respondió.
—Puedo sentirla...
Después de miles de años...
Mi hermana ha despertado.
En Noctaris...
Kael tomó Mors Aeterna.
Por un instante...
Escuchó una voz.
—No olvides...
Que toda espada tiene dos filos.
Uno mata al enemigo.
El otro...
A su portador.
Kael abrió los ojos.
La voz había desaparecido.