Judicar llegó a la Fortaleza de Aster.
El gobernador salió a recibirlo.
—Así que el perro del Fundador vino solo.
Judicar desenvainó lentamente su espada.
—No vine como soldado.
Vine como juez.
Los soldados comenzaron a reír.
El gobernador levantó su hacha.
—¿Y quién te dio ese derecho?
Judicar respondió.
—Ustedes.
Cuando quemaron aldeas.
Cuando ejecutaron inocentes.
Cuando llamaron justicia a la crueldad.
La batalla comenzó.
El gobernador utilizó un gigantesco martillo de energía.
Cada golpe destruía edificios.
Judicar esquivaba con calma.
Entonces levantó dos dedos.
Un enorme círculo apareció bajo el campo.
Ritual: Tribunal del Último Veredicto.
Dentro del círculo...
Toda mentira desaparecía.
El gobernador intentó justificar sus actos.
Pero su propia voz se quebró.
El ritual reveló cada crimen cometido.
Los mismos soldados comenzaron a bajar sus armas.
Judicar levantó la espada.
—Yo...
No ejecuto hombres.
Ejecuto...
Las consecuencias de sus decisiones.
Un solo corte.
El gobernador cayó.
Los soldados se rindieron.
Por primera vez...
Una fortaleza fue conquistada sin masacrar a quienes depusieron las armas.