Mientras tanto...
Ragnar llegó a la Fortaleza de Brakk.
Miles de guerreros gigantes lo esperaban.
Su líder sonrió.
—Nos traicionaste.
Ragnar respondió.
—No.
Por primera vez...
Elegí mi propio camino.
El jefe levantó una maza del tamaño de una torre.
—Entonces morirás.
Ragnar dejó caer su capa.
No sacó espada.
Solo cerró los puños.
Su cuerpo comenzó a cubrirse de antiguas runas.
Manifestación: Corazón del Titán.
Sus músculos crecieron.
Su piel parecía piedra.
El primer golpe entre ambos hizo temblar kilómetros enteros.
Puño.
Rodillazo.
Codazo.
Ninguno retrocedía.
Finalmente...
El jefe levantó la maza para el golpe final.
Ragnar sonrió.
—Siempre dependiste de esa arma...
Yo aprendí...
A convertirme en la mía.
Con un puñetazo directo al pecho...
Destrozó la armadura del gigante.
El enemigo cayó de rodillas.
Los demás gigantes guardaron silencio.
Ragnar levantó la mirada.
—No vine a esclavizarlos.
Vine a ofrecerles una elección.
Seguir obedeciendo a quienes los usan...
O caminar con nosotros.
Varios gigantes soltaron sus armas.
Muy lejos...
Kael observó el horizonte.
Y, por primera vez en mucho tiempo...
Sonrió con orgullo.
No porque hubiera ganado una batalla.
Sino porque sus Apóstoles...
Ya podían cambiar el mundo incluso cuando él no estaba.