El Dominio de Virgo comenzaba a desmoronarse.
Las grietas recorrían el cielo.
Pero Virgo...
No retrocedió.
Clavó su báculo en la tierra.
Una inmensa energía blanca envolvió el campo de batalla.
Su armadura desapareció.
En su lugar apareció un vestido blanco cubierto de antiguos símbolos.
Los soldados imperiales cayeron de rodillas.
—¡Es... la Forma Celestial!
Kael frunció el ceño.
Incluso él sintió aquella presión.
Virgo abrió los ojos.
—Fundador...
No peleo porque te odie.
Peleo porque si continúas...
Millones morirán.
Kael respondió.
—Lo sé.
—¿Y aun así seguirás?
Kael bajó la mirada.
—Si debo destruir este mundo para crear uno donde ningún niño vuelva a ser perseguido por existir...
Entonces cargaré con ese pecado.
Virgo sintió un extraño dolor.
Por primera vez...
Comprendió que Kael no luchaba por ambición.
Luchaba por una promesa.
Pero aun así...
No podía dejarlo vivir.