Cuando Virgo estaba a punto de lanzar su ataque definitivo...
El cielo volvió a abrirse.
Todos levantaron la mirada.
Una carcajada retumbó entre las nubes.
—JAJAJAJAJA...
—Virgo...
¿Vas a perder contra un humano?
Una enorme figura descendió.
Cabello azul oscuro.
Una lanza negra.
Armadura cubierta de escamas.
En su pecho brillaba el símbolo...
♏ ESCORPIO.
Virgo dio un paso atrás.
—¿Quién te autorizó a bajar?
Escorpio sonrió.
—Me aburrí de esperar.
Miró a Kael.
Y comenzó a reír.
—Así que tú eres el hombre que mató a Leo...
Perfecto.
Siempre quise comprobar...
Si tu sangre también es roja.
Kael desenvainó lentamente Mors Aeterna.
Pero antes de que pudiera avanzar...
Darius dio un paso al frente.
Luego Ragnar.
Después Ignis.
Uno por uno...
Los ocho Apóstoles se colocaron delante de Kael.
Darius habló.
—Mi señor...
Esta vez...
Permítanos demostrar por qué nos eligió.
Kael los observó en silencio.
Después...
Guardó lentamente su espada.
Y sonrió.
—Entonces...
Muéstrenle al cielo...
Por qué los hombres ya no le tienen miedo a los dioses.
Los ocho Apóstoles cargaron al mismo tiempo.
Escorpio sonrió como un depredador.
—Eso esperaba...
¡Vengan todos!
Y con el choque entre el primer Apóstol y un Semidiós...
Comenzó la batalla que demostraría si los seguidores del Fundador podían desafiar a los cielos.