Las técnicas impactaron al mismo tiempo.
La explosión pudo verse desde todo Duskaria.
Durante unos segundos...
Nadie pudo ver nada.
Cuando el humo desapareció...
Escorpio seguía de pie.
Su armadura estaba rota.
Sangre caía por su brazo.
Sonrió.
Pero esta vez...
Con respeto.
—Así que...
Esto es el poder de los Apóstoles.
Ragnar intentó levantarse.
No podía.
Ignis cayó de rodillas.
Darius respiraba con dificultad.
Todos estaban al límite.
Escorpio levantó lentamente su lanza.
—Ahora...
Les mostraré...
Por qué los Semidioses gobernaron los cielos durante miles de años.
La tierra comenzó a agrietarse.
El cielo adquirió un tono púrpura.
Detrás de Escorpio apareció una gigantesca constelación.
No era una ilusión.
Era su verdadera autoridad.
Dominio Celestial: "Trono de la Constelación Escarlata."
Millones de agujas de energía comenzaron a caer del cielo.
Los Apóstoles comprendieron...
Que iban a morir.
Entonces...
Una figura caminó lentamente entre la lluvia de agujas.
Todas se desintegraban antes de tocarlo.
Kael.
Mors Aeterna descansaba sobre su hombro.
Escorpio sonrió.
—Al fin...
Pensé que nunca ibas a intervenir.
Kael levantó la mirada.
Sus ojos eran completamente negros.
Y dijo con absoluta calma:
"Ellos ya demostraron que pueden desafiar a un dios."
Desenvainó lentamente la espada.
La oscuridad cubrió el horizonte.
"Ahora..."
Una sonrisa apareció.
La sonrisa que hacía temblar incluso a los Semidioses.
"...te demostraré por qué incluso los dioses pueden morir."
El viento dejó de soplar.
Y Escorpio...
Por primera vez en miles de años...
Sintió verdadero miedo.