Escorpio desapareció.
¡BOOM!
Un golpe.
Kael bloqueó.
Otro.
Otro.
Otro.
La velocidad era absurda.
Ya no parecía una pelea.
Parecía una tormenta.
Los puños chocaban.
Las espadas chocaban.
Los codos.
Las rodillas.
Las cabezas.
Por momentos...
Ninguno utilizaba poderes.
Solo técnica.
Solo instinto.
Solo voluntad.
Escorpio logró atravesar el hombro de Kael con su lanza.
Kael respondió con un codazo que rompió parte de la armadura divina.
Los dos retrocedieron.
Respiraban con dificultad.
Escorpio comenzó a reír.
—¡JAJAJA!
¡Por fin!
¡Alguien que me obliga a usar todo!
Kael limpió la sangre de su rostro.
Y respondió con una sonrisa.
—Todavía...
No has visto todo.
La oscuridad comenzó a girar alrededor de Kael.
Pero no tomó forma de dragones.
Tomó forma de...
Miles de manos negras.
Como si las almas de los muertos intentaran sujetar al Semidiós.
Escorpio destruyó varias.
Pero seguían apareciendo.