El campo de batalla había desaparecido.
Solo quedaban ruinas.
Escorpio respiraba con dificultad.
Kael también.
Los dos estaban al límite.
Escorpio levantó su lanza.
—¡Este será mi último ataque!
La constelación de Escorpio descendió sobre él.
Su cuerpo comenzó a brillar.
Toda su energía divina fue concentrada en un único golpe.
Los cielos se abrieron.
Kael cerró lentamente los ojos.
Por primera vez...
No levantó su espada.
No invocó dragones.
No utilizó rituales.
Solo respiró.
Cuando abrió los ojos...
El mundo cambió.
Todo se volvió gris.
El tiempo parecía haberse detenido.
Frente a él...
No veía a Escorpio.
Veía miles de líneas negras recorriendo su cuerpo.
Una de ellas...
Brillaba más que las demás.
Era el final de su existencia.
Era...
Su muerte.
Kael susurró.
Dominio del Fundador...
"Réquiem del Fin."
Todo volvió a la normalidad.
Escorpio atacó.
Kael dio un único paso hacia un lado.
La lanza pasó de largo.
Mors Aeterna realizó un solo corte.
Silencioso.
Preciso.
Perfecto.
Nadie entendió qué ocurrió.
Escorpio quedó inmóvil.
Miró su pecho.
No había una gran herida.
Solo un fino corte.
Sonrió.
—Así que...
Eso era...
Lo que veía Leo...
Kael bajó la espada.
—No corté tu cuerpo.
Encontré...
El lugar donde terminaba tu historia.
Escorpio comenzó a reír.
Una risa tranquila.
—Jajaja...
Ahora entiendo...
¿Por qué incluso los dioses...
Temen a la muerte?
Su cuerpo empezó a convertirse en polvo estelar.
Antes de desaparecer dijo:
—Fundador...
La próxima vez...
No vendrá un guerrero...
Vendrá...
Un juez.
Y desapareció.
En el Reino Celestial...
Los Semidioses guardaron silencio.
Capricornio cerró lentamente los ojos.
—Ha despertado...
El Réquiem del Fin.
Entonces...
Ya no estamos enfrentando a un simple hombre.
Virgo bajó la cabeza.
Por primera vez...
Sintió una duda.
¿Y si la profecía no advertía sobre un monstruo...
Sino sobre una verdad que nadie quería aceptar?