La desaparición de Escorpio dejó el campo en silencio.
Nadie celebró.
Ni siquiera los Apóstoles.
Todos miraban a Kael.
Seguía de pie...
Pero respiraba con dificultad.
Una gota de sangre cayó desde su ojo derecho.
Selene corrió hacia él.
—¡Kael!
Él levantó una mano.
—Estoy... bien.
Pero Judicar comprendió la verdad.
El Réquiem del Fin tenía un precio.
Muy arriba...
Los cielos comenzaron a abrirse.
No apareció un Semidiós.
Aparecieron...
Miles de guerreros celestiales.
Más de cincuenta mil.
Virgo los observó.
—Retírense.
Uno de los comandantes respondió.
—La orden del Consejo es exterminar Noctaris.
Virgo apretó los puños.
Por primera vez...
No estaba de acuerdo con los cielos.
Kael levantó lentamente la cabeza.
—Entonces...
La guerra acaba de empezar.