El Gran Imperio.
La sala del trono permanecía completamente en silencio.
El Emperador observaba el mapa de Duskaria.
Dos Semidioses habían caído.
Decenas de fortalezas habían sido destruidas.
Y, aun así...
Kael seguía avanzando.
Entonces...
Se puso de pie.
—Que todos los reinos escuchen mi voz.
Los mensajeros inclinaron la cabeza.
—A partir de hoy...
Todo aquel que entregue información sobre el Fundador...
Será recompensado con un reino.
Todo aquel que le dé refugio...
Será ejecutado junto a su familia.
Todo aquel que luche a su lado...
Será borrado de la historia.
La noticia recorrió Duskaria.
Y el miedo volvió a gobernar.
Mientras tanto...
En Noctaris.
Un explorador llegó corriendo.
—¡Mi señor!
¡Nos han declarado enemigos del mundo entero!
Kael permaneció sentado.
No respondió.
Solo observó el tablero de ajedrez frente a él.
Movió una pieza.
Y sonrió.
—Era exactamente lo que esperaba.