El silencio reinaba en Luminaris.
Lucien había desaparecido.
Pero Mors Aeterna seguía vibrando.
Kael pasó la mano sobre la empuñadura.
—¿Lo conocías...?
La espada emitió un leve resplandor.
No respondió.
Pero Kael sintió una emoción desconocida.
Era...
Nostalgia.
Eris terminó de reparar los sellos.
Las forjas quedaron inutilizadas.
Sin una sola muerte.
Judicar sonrió.
—Otra victoria.
Kael negó.
—No.
Solo fue el primer movimiento.
Lucien vino únicamente para observarnos.
Eso significa...
Que ya empezó a evaluarnos.
Muy lejos...
Lucien caminaba entre las montañas.
Lux Aeterna habló.
—¿Por qué no lo mataste?
Lucien respondió.
—Porque todavía no ha despertado.
—¿Y si despierta?
Lucien cerró los ojos.
—Entonces...
Seré yo quien deba detenerlo.