Noctaris amaneció en silencio.
Los ocho Apóstoles esperaban frente a las enormes puertas.
Kael salió con Mors Aeterna en la espalda.
En su mano llevaba el viejo mapa de Orion.
Solo tenía un destino.
Eternum.
Darius dio un paso al frente.
—¿Todos iremos?
Kael negó.
—No.
Todos quedaron sorprendidos.
—Si los diez caminamos juntos...
El Imperio sabrá cada uno de nuestros movimientos.
Necesito que sigan destruyendo su poder desde las sombras.
Valka comprendió enseguida.
—Nos dividiremos.
Kael asintió.
—Mientras ellos me buscan...
Ustedes harán caer sus pilares.
Selene bajó la cabeza.
—¿Y si te ocurre algo?
Kael sonrió.
—Entonces...
No me venguen.
Terminen el mundo que soñamos.
Antes de partir...
Ragnar golpeó el pecho de Kael con su puño.
—Volverás.
No era una pregunta.
Era una promesa.
Kael respondió golpeando su brazo.
Y emprendió el viaje...
Solo.