Aion caminó lentamente.
Kael lo siguió.
Llegaron a una gigantesca sala.
En ella había...
Doce tronos.
Once estaban destruidos.
Solo uno permanecía intacto.
Encima...
Había grabado un símbolo.
☠
La Muerte.
Kael levantó la mirada.
—¿Qué significa esto?
Aion apoyó su mano sobre el trono.
Toda la sala comenzó a iluminarse.
Miles de recuerdos aparecieron como si fueran ilusiones.
Un antiguo mundo.
Doce Fundadores.
Cada uno representaba un principio.
Vida.
Tiempo.
Espacio.
Luz.
Oscuridad.
Fuego.
Mar.
Naturaleza.
Alma.
Destino.
Caos.
Y...
Muerte.
Aion habló.
—Hace miles de años...
No existían reyes.
No existían dioses.
Nosotros gobernábamos.
Kael permaneció inmóvil.
—¿Y qué ocurrió?
Aion cerró los ojos.
—Nos traicionaron.
Los hombres temieron nuestro poder.
Los dioses desearon ocupar nuestro lugar.
Entonces...
Comenzó la Primera Guerra del Origen.
Los once Fundadores murieron.
Solo quedó uno.
El de la Muerte.
Porque...
La muerte...
Siempre sobrevive.