Muy lejos...
En la Ciudad Celestial.
Aether permanecía de rodillas.
Frente a él...
Flotaba una espada dorada.
No era Lux Aeterna.
Era una espada distinta.
Lumen Caeli.
La espada de la Luz Primordial.
Una voz descendió desde el cielo.
—Aether...
Has sido elegido.
No porque seas el más fuerte.
Sino porque aún eres capaz de amar incluso a tu enemigo.
Aether levantó lentamente la espada.
Recordó a Kael.
Cuando entrenaban de niños.
Cuando reían.
Cuando prometieron cambiar el mundo juntos.
Una lágrima cayó.
—Perdóname...
Hermano.
Si debo detenerte...
Lo haré con mis propias manos.
La espada brilló.
Y una inmensa luz envolvió el cielo.
Mientras tanto...
Kael sintió aquella energía.
Cerró lentamente los ojos.
Y sonrió.
—Así que...
Al fin decidiste levantarte.