La guerra permanecía inmóvil.
Ningún ejército avanzaba.
Kael contempló a sus ocho Apóstoles.
Luego cerró los ojos.
—Aún falta algo...
Darius frunció el ceño.
—¿Qué ocurre, mi señor?
Kael levantó lentamente la mano.
Diez círculos negros aparecieron detrás de él.
Solo ocho brillaban.
Los otros dos seguían apagados.
—La Muerte aún no ha elegido a todos sus heraldos.
En ese instante...
Dos luces negras atravesaron el cielo.
Una cayó al norte.
La otra...
Al extremo sur de Duskaria.
Kael sonrió.
—Ya despertaron.