Norte de Duskaria.
En una prisión imperial...
Un hombre permanecía encadenado.
Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices.
Su nombre era...
Mordek.
Había sido condenado por enfrentarse solo a un ejército para proteger a un pueblo.
El Imperio lo llamó criminal.
El pueblo...
Héroe.
Entonces...
Las cadenas comenzaron a romperse solas.
Una voz resonó.
—¿Aceptarías convertirte en la espada de la Muerte?
Mordek sonrió.
—Si esa espada protege a los débiles...
Con gusto.
Un símbolo negro apareció en su pecho.
Era el Noveno Apóstol.
Representaría...
La Muerte por Guerra.
Mientras tanto...
En el sur...
Una joven caminaba entre las ruinas de un antiguo templo.
Era ciega.
Pero podía ver el destino.
Su nombre...
Lya.
Desde niña había tenido visiones.
Siempre veía el mismo rostro.
Kael.
La voz volvió a escucharse.
—¿Seguirás al hombre que cambiará el mundo?
Lyra respondió sin dudar.
—Lo he visto llorar.
Lo he visto caer.
Y también...
Lo he visto levantarse.
Sí.
Lo seguiré.
El décimo símbolo apareció.
Ella sería...
La Décima Apóstol.
Representaría...
La Muerte por Destino.
En Noctaris...
Los diez círculos comenzaron a brillar.
Por fin...
Los Apóstoles estaban completos.