Las puertas de Noctaris se abrieron.
Mordek y Lya caminaron lentamente.
Los ocho Apóstoles los observaron.
No hubo desconfianza.
Solo respeto.
Kael descendió las escaleras.
Se detuvo frente a ellos.
—¿Conocen el precio de seguirme?
Mordek respondió.
—Morir.
Lyra negó suavemente.
—No.
El precio...
Es ser recordados como monstruos por aquellos a quienes salvaremos.
Kael sonrió.
Era exactamente la respuesta que esperaba.
Entonces...
Los diez Apóstoles se arrodillaron.
Kael desenvainó Mors Aeterna.
La clavó frente a ellos.
Una enorme oscuridad cubrió el cielo.
Las diez marcas brillaron.
Uno por uno...
Kael pronunció sus nombres.
Kael levantó la espada.
Y declaró:
"Desde hoy... ya no son simples guerreros."
La oscuridad envolvió el salón.
"Son los Diez Apóstoles del Fin."
En ese mismo instante...
En el bando enemigo...
Lucien abrió los ojos.
Aether sintió un escalofrío.
Capricornio se levantó de su trono.
Y el Emperador susurró:
—Entonces...
La batalla final...
Ya no puede evitarse.
El cielo comenzó a cubrirse de nubes negras.
Y, por primera vez...
Los diez Apóstoles caminaron detrás de Kael.
Como una sola sombra.
Como una sola voluntad.
Como los heraldos del fin de una era.