El amanecer nunca llegó.
El cielo permanecía cubierto por una oscuridad antinatural.
Frente a frente...
Dos ejércitos capaces de cambiar la historia.
De un lado...
El Imperio, los Semidioses restantes, los Portadores y millones de soldados.
Del otro...
Las razas libres.
Dragones.
Gigantes.
Bestias ancestrales.
Y los Diez Apóstoles.
El silencio era tan profundo...
Que podía escucharse el viento.
Entonces...
El Emperador levantó su mano.
Una enorme campana dorada sonó.
¡¡DOOOONG!!
El sonido recorrió todo Duskaria.
Era la señal.
La última guerra había comenzado.
Miles de soldados cargaron.
El suelo tembló.
Kael permaneció inmóvil.
No dio ninguna orden.
Solo dijo una frase.
—Que cada uno encuentre el enemigo que el destino le ha preparado.
Los Diez Apóstoles avanzaron.
Cada uno tomó un camino distinto.
La guerra dejó de ser un ejército contra otro.
Ahora...
Eran diez historias peleándose al mismo tiempo.