La guerra consumía Duskaria.
Mordek seguía luchando contra miles de soldados.
Su hacha estaba cubierta de sangre.
Entonces...
El cielo se abrió.
Un anciano descendió envuelto en relámpagos.
Su cabello era plateado.
Sus ojos... dorados.
Capricornio.
El más antiguo de los Semidioses.
Mordek sonrió.
—Así que por fin mandaron a alguien fuerte.
Capricornio respondió con calma.
—No vine a pelear.
Vine...
A ejecutarte.
La batalla fue brutal.
El suelo desaparecía con cada golpe.
Mordek logró herir el hombro del Semidiós.
Capricornio sonrió.
—Excelente...
Pero...
No suficiente.
Su lanza atravesó el pecho de Mordek.
Los soldados quedaron en silencio.
Mordek cayó de rodillas.
Miró el cielo.
Y sonrió.
—Mi señor...
Cumplí mi promesa...
Protegí... a los débiles...
Su cuerpo cayó.
El Noveno Apóstol...
Había muerto.
Muy lejos...
Kael sintió desaparecer una de las diez marcas.
Cerró los ojos.
No lloró.
Solo dijo...
"Gracias... hermano."