Capricornio levantó su lanza.
—Fundador.
Hoy terminará tu historia.
Kael desenvainó lentamente a Mors Aeterna.
La oscuridad comenzó a cubrir el horizonte.
Pero antes de atacar...
Una voz descendió desde el cielo.
—¡DETÉNGANSE!
Todos levantaron la mirada.
Era Lucien.
Descendió lentamente.
Se colocó entre ambos.
Miró a Capricornio.
—Él es mío.
Capricornio frunció el ceño.
—¿Pretendes darme órdenes?
Lucien respondió con serenidad.
—No.
Solo impedir que arruines el duelo que lleva siglos esperándome.
Kael sonrió.
—Así que...
También estabas esperándome.
Lucien asintió.
—Desde antes de que nacieras.