El choque entre Lux Aeterna y Mors Aeterna iluminó el continente entero.
Nadie podía acercarse.
Cada impacto abría enormes grietas.
Lucien sonrió.
—Eres mucho más fuerte de lo que imaginé.
Kael respondió con una sonrisa fría.
—Y tú eres el primer hombre...
...que me obliga a pelear con todo.
Los dos desaparecieron.
¡BOOM!
Puño contra puño.
Rodilla contra rodilla.
Espada contra espada.
No había técnicas.
Solo habilidad pura.
Lucien consiguió cortar el rostro de Kael.
Una pequeña línea de sangre cayó.
Kael la limpió con su dedo.
Y comenzó a reír.
No era una risa de felicidad.
Era esa risa que hacía estremecer a todos.
—¿Eso es todo...?
Los soldados comenzaron a retroceder.
Incluso algunos Semidioses sintieron miedo.