Lucien levantó Lux Aeterna.
Por primera vez...
La espada habló.
—Lucien...
Gracias.
El guerrero cerró los ojos.
—Ha sido un honor.
Miles de alas de luz aparecieron detrás de él.
Toda su vida.
Todos sus entrenamientos.
Todos sus sacrificios.
Todo...
Fue reunido en un solo ataque.
"Lux... Finis."
Un inmenso corte de luz atravesó el cielo.
Kael no retrocedió.
Clavó Mors Aeterna en el suelo.
La oscuridad comenzó a envolver la espada.
Las almas de los antiguos caídos parecían susurrar.
Kael abrió lentamente los ojos.
—La luz protege la vida...
Levantó la espada.
—Pero la muerte...
Da descanso a todo lo que ha sufrido.
"Mors... Aeterna."
No era una técnica.
Era un corte perfecto.
Las dos espadas chocaron.
El mundo quedó en silencio.
Cuando el polvo desapareció...
Lucien seguía de pie.
Miró su espada.
Una grieta apareció.
Luego otra.
Y otra.
Lux Aeterna comenzó a romperse.
Lucien sonrió.
No había tristeza.
Solo paz.
—Al fin...
Encontré al hombre...
Que debía superarme.