La guerra había cesado.
Todos observaban a Kael.
Lucien había muerto.
Entonces...
Un anciano caminó lentamente desde el ejército imperial.
Llevaba una túnica blanca.
No tenía armadura.
Solo un viejo bastón y una espada envainada.
Aether abrió los ojos.
—Maestro...
Era Eldan.
El hombre que había criado a Aether desde niño.
Quien le enseñó a controlar la luz.
Quien le enseñó que una espada existía para proteger.
Eldan se colocó frente a Kael.
—Fundador...
No permitiré que des un paso más.
Kael lo observó en silencio.
—Hazte a un lado.
—No.
—Morirás.
—Lo sé.
Los dos permanecieron inmóviles.
Aether gritó desesperado.
—¡¡MAESTRO!!
Pero Eldan levantó una mano.
—Esta...
Es mi decisión.
Desenvainó su espada.
Una luz pura cubrió el campo de batalla.
Kael suspiró.
Y tomó lentamente a Mors Aeterna.