Eldan atacó.
Su espada era elegante.
Precisa.
Cada movimiento era perfecto.
Kael bloqueaba todos los ataques.
Pero...
No respondía.
Eldan jadeó.
—¿Por qué no peleas?
Kael respondió con calma.
—Porque no deseo matarte.
El anciano sonrió.
—Entonces...
Jamás podrás cambiar el mundo.
La luz explotó.
Eldan realizó el ataque más poderoso de toda su vida.
Kael cerró los ojos.
Cuando los abrió...
Su sonrisa apareció nuevamente.
Esa sonrisa...
Que hacía temblar incluso a los dioses.
¡¡BOOOOM!!
Un solo movimiento.
Mors Aeterna atravesó la espada de Eldan.
Y luego...
Su pecho.
El tiempo pareció detenerse.
Aether corrió.
Llegó demasiado tarde.
Eldan cayó en sus brazos.
Con una mano temblorosa...
Acarició el rostro de su discípulo.
—No...
Lo odies...
Aether...
Prométeme...
Que lucharás...
Por aquello...
En lo que crees...
Una última sonrisa.
Y murió.
El campo quedó completamente en silencio.