Nox rugió.
Los dos dragones de oscuridad descendieron sobre Aether.
La luz y la oscuridad chocaron una vez más.
Esta vez...
No hubo explosión.
Hubo silencio.
Todo desapareció.
Aether abrió los ojos.
Pero...
Ya no estaba en el campo de batalla.
Estaba bajo aquel viejo árbol.
El mismo donde entrenaba con Kael cuando eran niños.
Kael estaba sentado allí.
Sonriendo.
Como antes.
—Llegaste tarde.
Aether sonrió.
—Como siempre.
Los dos comenzaron a reír.
No existía guerra.
No existía odio.
Solo dos amigos.
En el mundo real...
Aether permanecía completamente inmóvil.
Sus ojos estaban abiertos.
Pero su mente...
Había sido atrapada.
Kael caminó lentamente hacia él.
Levantó Mors Aeterna.
—Descansa...
Solo por un instante.
La espada descendió.