Antes de que la espada alcanzara a Aether...
¡¡CLANG!!
Cuatro armas bloquearon el ataque.
Los últimos Portadores habían llegado.
Aster.
Portador del Tiempo.
Orpheus.
El de la Lanza de los Mil Espejos.
Lykan.
Portador de la Espada del Vacío.
Seraph.
Portadora del Cielo.
Aster dio un paso.
—Hasta aquí llega tu camino.
Kael sonrió.
—¿Solo cuatro?
Aster levantó lentamente su espada.
El mundo dejó de moverse.
Las llamas quedaron inmóviles.
Las gotas de sangre flotaban.
Nox quedó completamente congelado.
Los Apóstoles tampoco podían moverse.
Solo...
Kael.
Y Aster.
Aster sonrió.
—Bienvenido...
Al tiempo detenido.
Caminó lentamente.
Colocó la espada sobre el cuello de Kael.
—En este lugar...
Solo yo puedo decidir cuándo termina un segundo.
Kael permanecía inmóvil.
Con la cabeza agachada.
Aster respiró.
—Terminó.
Intentó cortar.
Pero...
La espada no avanzó.
Aster abrió los ojos.
Kael...
Estaba sujetando la hoja.
Con la mano desnuda.
Una gota de sangre cayó.
Y Kael...
Comenzó a reír.
Aquella risa.
Lenta.
Vacía.
Que hacía temblar hasta a los dioses.
—Je...
Jejeje...
Aster retrocedió.
—¿imposible ...?
Kael levantó lentamente la mirada.
Sus ojos parecían dos abismos.
"El tiempo gobierna la vida..."
Apretó la espada hasta romper parte de la hoja.
"...pero la muerte jamás espera permiso."