Aster gritó.
—¡¡IMPOSIBLE!!
Liberó todo su poder.
Miles de relojes gigantes aparecieron alrededor del cielo.
El tiempo comenzó a retroceder.
Avanzar.
Romperse.
Kael veía cientos de futuros.
Miles de pasados.
Millones de posibilidades.
Cualquier hombre...
Se habría vuelto loco.
Kael...
Solo sonrió.
—¿Eso era todo?
Aster lanzó miles de cortes.
Kael cerró los ojos.
No esquivó.
No bloqueó.
Simplemente caminó.
Cada corte pasaba a centímetros.
Como si...
La propia muerte supiera exactamente cuándo debía llegar.
Aster cayó de rodillas.
No entendía.
Kael apareció frente a él.
Le puso una mano sobre el hombro.
Y dijo la frase que quedaría grabada en la historia.
"El tiempo puede retrasar un final..."
Silencio.
"...pero jamás impedirlo."
Con un golpe de Mors Aeterna...
La espada del Tiempo se partió.
No completamente.
Solo por la mitad.
Aster cayó al suelo.
Derrotado.
Kael no lo mató.
Lo observó.
—Vive.
Y cuéntales...
Que ni siquiera el tiempo pudo detenerme.
Kael volvió a mirar hacia Aether.
El sueño comenzaba a romperse.
La verdadera batalla...
Estaba por reiniciarse.