El mundo seguía inmóvil.
Los ejércitos no respiraban.
Los Apóstoles observaban.
Los Semidioses permanecían en silencio.
Y en medio del campo...
Aether seguía atrapado bajo aquel árbol de su infancia.
Kael levantó lentamente su espada.
Pero antes de que descendiera...
Una lágrima cayó del rostro de Aether.
Dentro del sueño...
El pequeño Kael sonreía.
—Prométeme...
Que si algún día me pierdo...
Vendrás por mí.
El pequeño Aether respondió riendo.
—Claro.
Somos hermanos.
El paisaje comenzó a romperse.
El árbol desaparecía.
El cielo se hacía pedazos.
Kael, aún niño, comenzó a alejarse entre la oscuridad.
Aether gritó desesperado.
—¡¡KAEL!!
El niño se detuvo.
Sin girarse.
Susurró...
—Gracias...
Por intentarlo.
El sueño explotó.
Aether abrió los ojos.
¡¡BOOOOOOM!!
Una inmensa columna de luz atravesó el cielo.
Kael sonrió.
—Sabía...
Que saldrías.
Aether levantó lentamente la mirada.
Ya no había dudas.
Ya no había miedo.
Solo una decisión.
—Esta vez...
Sí voy a salvarte.