El viento desapareció.
Los ejércitos temblaban.
Kael levantó lentamente la cabeza.
Su rostro estaba cubierto por la sangre de Nox.
Pero...
Sonreía.
No era una sonrisa de felicidad.
Era una sonrisa tan vacía...
Tan rota...
Que parecía la de un hombre que acababa de perder lo único que amaba.
Y precisamente por eso...
Ya no tenía nada que perder.
Aether sintió un escalofrío.
—Kael...
No...
Kael comenzó a caminar.
Paso.
Tras paso.
Cada uno hacía temblar la tierra.
Su voz era un susurro.
Pero todos la escucharon.
"Murieron mis padres..."
Otro paso.
"Murió mi abuelo..."
Otro.
"Murió Lucien..."
Otro.
"Y ahora..."
Levantó lentamente Mors Aeterna.
La espada rugió.
Como si llevara dentro el alma de Nox.
"...Murió mi mejor amigo."
Aether abrió los ojos.
—¿Qué...?
Kael sonrió.
Y señaló su propio pecho.
"Kael..."
Hizo una pausa.
"...murió hace mucho."
Silencio.
"Frente a ti..."
La oscuridad explotó.
Los dos dragones reaparecieron, ahora con los ojos del mismo rojo que Nox.
"...solo queda el Fundador de la Muerte."
¡¡BOOOOOOOOOOOOOOM!!
Kael desapareció.
Apareció frente a Aether.
Un solo golpe.
Aether cruzó su espada para bloquear.
Pero el impacto rompió el suelo durante kilómetros.
Aether cayó de rodillas.
Tosió sangre.
Y, por primera vez en toda la pelea...
Sintió verdadero miedo.
No miedo a morir.
Miedo...
De que realmente ya no quedara nada del niño con el que creció.
Kael levantó lentamente su espada.
Su sonrisa era la de un hombre que ya había aceptado su propio final.
"Ven..."
Sus ojos brillaban como un eclipse eterno.
"...hazme recordar por qué alguna vez quise salvar este mundo."
El capítulo terminó con ambos lanzándose una vez más.
Esta vez...
Sin contener absolutamente nada.