El viento comenzó a llevarse el polvo.
Poco a poco...
Dos siluetas aparecieron.
Aether...
Estaba de rodillas.
Su brazo derecho colgaba sin fuerza.
Frente a él...
Kael seguía de pie.
Apenas.
Cubierto de sangre.
Su cuerpo estaba completamente destruido.
Mors Aeterna permanecía clavada en el suelo.
Aether levantó lentamente la cabeza.
Sonrió.
—Perdí...
Kael permanecía inmóvil.
Sus ojos temblaban.
Aether continuó.
—Pero...
No me arrepiento...
Porque luché...
Por el mundo...
En el que creía.
Kael dio un paso.
Se arrodilló frente a él.
Los dos quedaron frente a frente.
Como cuando eran niños.
Aether levantó una mano.
La apoyó sobre el hombro de Kael.
—Ahora...
Te toca a ti...
Construir...
Ese mundo...
Que tanto deseas.
Kael sintió cómo las lágrimas caían por primera vez desde que murió Orion.
—Lo intentaré...
Lo prometo.
Aether sonrió.
—Lo sé...
Hermano.
Cerró lentamente los ojos.
Su mano cayó.
Lumen Caeli perdió todo su brillo.
El héroe de la Luz...
Había muerto.
Nadie habló.
Ni un solo sonido.
Los Apóstoles bajaron la cabeza.
Los Semidioses también.
Incluso el Emperador cayó de rodillas.
Había terminado. la guerra habia sido ganada por el mal
Kael levantó lentamente a Mors Aeterna.
Miró el cielo.
Y pronunció la frase que marcaría el inicio de una nueva era.
"Que este sea el último mundo... donde un niño tenga que convertirse en un monstruo para ser escuchado."