Habían pasado seis meses.
El Imperio había desaparecido.
Los antiguos reinos ya no existían.
Las razas...
Vivían por primera vez sin fronteras.
En el centro del continente...
Había un enorme árbol.
Kael lo había plantado.
En memoria de Orion.
De Aether.
De Nox.
Y de todos los que murieron.
Cada año...
Miles de personas iban allí.
No para adorar al Fundador.
Sino para recordar el precio de la paz.
Kael caminó solo hasta el árbol.
Dejó a Mors Aeterna apoyada sobre el tronco.
Sonrió con tristeza.
—Lo logré...
Abuelo.
Una suave brisa movió las hojas.
Por un instante...
Le pareció escuchar la voz de Orion.
"Estoy orgulloso de ti... nieto."
Kael cerró los ojos.
Y sonrió.
Una sonrisa verdadera.
La primera...
En toda la historia.
Pero...
Muy lejos.
Más allá de Duskaria.
Más allá del océano.
En un continente del que nadie hablaba.
Una inmensa puerta de piedra comenzó a abrirse.
Dentro...
Había doce tronos.
Y once estaban ocupados.
Una figura completamente cubierta por sombras abrió lentamente los ojos.
Sonrió.
—Así que...
El Fundador por fin despertó.
Otro hombre respondió.
—¿Comenzamos?
El primero se levantó.
Su presencia hizo temblar el continente entero.
—No...
Ahora...
Comienza la verdadera historia. jajajajajjaj muajaajja
"El mundo creyó que había presenciado el nacimiento de una leyenda... sin saber que solo acababa de abrir la puerta a algo mucho más antiguo."
el fin???