Beth Wilkerson.
Amada hija.
El amor nunca muere.
Un tumulto de personas vestidas de negro se agrupaban bajo el toldo. Un ministro guiaba la ceremonia fúnebre mientras los seres queridos lloraban en silencio.
Ningún Drew estaba allí.
El ataúd fue bajado al hoyo en el suelo con lentitud, sobre él cientos de tulipanes de distintos colores.
Ninguno de ellos era de parte de Drew.
Varios miembros del círculo cercano dieron discursos, contaron memorias y sonrieron entre lágrimas al mirar el retrato de Beth.
Ninguno de ellos era Drew.
La tierra comenzó a cubrir las flores, enterrando todo lo que Beth pudo haber sido. Todos los sueños que pudo haber tenido.
Murió sola en el frío, imaginando una escena hogareña con un hombre que jamás conoció. Porque la realidad era esa.
Drew jamás existió.
FIN.