El departamento por fin está en silencio. Noreen se va con su mochila, su caos organizado y su energía de “hoy sí voy a ser una adulta funcional” o eso es lo que ella cree. Keyton sale después, con su casco, sus piercings felinos aspiracionales y esa manía de mirar atrás, parecía que siempre se olvida de algo importante, pero solo es la sensación.
La puerta se cierra, y todo está en silencio, paz y orden. Eso solo significa que es mi momento, por lo que me estiro en mi sofá y me acomodo en mi posición estratégica de descanso, con una pata extendida, cola en curva perfecta, ojos entrecerrados pero alerta, porque no duermo. Al contrario, vigilo mientras aparento dormir. Es una disciplina muy cansada.
Mi plan es simple, pues necesito recuperar energía, porque cuando Noreen regrese, estoy seguro de que va a querer encender otra vela, alinear mal unos cuarzos o intentar “manifestar estabilidad emocional” con una cucharada de miel y cero sentido común. Por lo que debo de estar listo.
Siempre estoy listo, a excepción de ahora, porque no estoy solo.
—Qué silencio tan incómodo —interrumpe una voz a mi lado.
Abro un ojo, ahí está Isaac. Se sienta a un lado de mí y entrecierra los ojos. Tal vez si prendo que no está ahí, se va a ir. Es la solución de vida de Noreen, tal vez es hora de tomar alguno de sus consejos de vida, pero él seguía a un costado, mirándome como si esto fuera divertido.
—Pensé que te ibas a dormir —añade.
Cierro el ojo otra vez.
—No voy a desaparecer —advierte, leyendo mis intenciones.
Abro el otro ojo y lo miro por un solo segundo.
—¿Qué? —pregunta con una sonrisa traviesa—. Se te ve en la cara.
Resoplo, después me levanto con lentitud, estirando cada músculo, tratando de que no me afectara su presencia. Aunque es una mentira y me afecta. Isaac se acerca mucho y extiende la mano hacia mi cara.
—¿Puedo…?
Le gruño antes de que termine, puedo oler que quiere tocarme.
—Oh, vamos —resopla—. Solo quería tocarte.
Intenta acariciarme detrás de la oreja, por lo que salto hacia atrás a la defensiva.
—¡Oye! —se queja—. Qué carácter.
Solo tengo instinto de supervivencia.
Camino hacia la cocina con dignidad, ignorándolo. Él me sigue, caminando.
—No puedes echarme —asegura, cruzándose de brazos en el aire—. Ya lo intentaste con la mirada y no funcionó.
Me detengo y giro la cabeza con lentitud parar mirarlo fijo, tal vez con una mirada incómoda se iría por su propia voluntad. Él sonríe como respuesta y veo que no se quiere marchar.
—No se va a poder.
Ah, perfecto. Negociación fallida en tiempo récord.
—Tu humana pidió abundancia —continúa, explicando lo obvio—. Y aquí estoy yo.
Parpadeo, eso no tenía sentido y me altero, por lo que camino en círculos, procesando y tratando de unir el rompecaezas. Luego lo miro otra vez.
“¿Abundancia de qué?”
Isaac se encoge de hombros.
—No lo sé.
¿¡Cómo que no lo sabes!?
Maúllo, pero no es uno normal, es corto, agudo y como una pregunta. Isaac inclina la cabeza sonriente. Ojalá tuviera carne para rasguñarle la cara.
—Ah, eso fue adorable.
Me congelo.
—Sí, sí —continúa—. Te entiendo a la perfección, también tu deseo de rasguñarme.
El mundo se detiene, mi cola deja de moverse y mis pensamientos se caen por las escaleras de mi dignidad.
—Te he entendido todo este tiempo —responde con total naturalidad—. Cada gruñido, cada maullido, cada insulto pasivo-agresivo. Bastante creativo, por cierto, Salem. He escuchado tanto ese nombre en gatos negros, como que a los humanos les falta un poco de creatividad.
Me siento por impacto emocional.
—Pero no decía nada —añade—. Me divertía verte enojarte sin saber que te entendía.
Esto es una falta de respeto y una violación a mi privacidad lingüística.
—Además —continúa, acercándose otra vez—, tienes una voz muy dramática. Me gusta. Tenía mucho que no interactúo con nadie, solo ando rondando por ahí.
“Te voy a sacar de esta casa.” advierto con los ojos entrecerrados.
—No, no lo vas a hacer. —Isaac sonríe más.
Se inclina, más cerca, sus ojos brillando con esa mezcla de travesura y a algo que no me gusta y no sé la manera de describirlo.
—Porque, quieras o no, gatito ahora estamos en el mismo equipo.
Mi pelaje se eriza, porque no tengo equipo, soy independiente y autónomo.
—Ella va a seguir haciendo magia —continúa—. Tú no puedes detenerla siempre y soy parte de lo que llamó.
Hay un largo silencio. Camino hacia la ventana tratando de ordenar mis ideas. Me siento. Miro hacia afuera, pero no estoy viendo nada.
Siento que esta vez no tengo control, que no puedo apagar una vela, tirar un frasco o sabotear un ritual, porque esto ya pasó, a pesar de que he dedicado mucho tiempo a tratar de evitarlo, pero ahora tengo un fantasma en casa que habla, se burla y me entiende.
Resoplo y observo de reojo a Isaac con recelo.
—Entonces —carraspea la garganta él, estirándose en el aire como si estuviera en la playa—, ¿qué sigue, compañero?
Lo miro calculando.
“No soy tu compañero.”
Él sonríe.
—Ya veremos.
Cierro los ojos e intento descansar, pero no duermo, porque ahora no solo debo que cuidar a una humana que juega con magia como si fuera un tutorial, pues también tengo que vigilar a un fantasma aburrido que decidió quedarse.
De verdad lo intento pensar, así que me acomodo en el borde de la ventana, con la cola envuelta alrededor de mis patas, esperando que eso me diera más inteligencia estratégica. Miro hacia afuera, hacia el mundo normal donde los problemas son pájaros molestos y no fantasmas con complejo de anfitrión.
Plan A: ignorarlo, pero no funciona. Ya lo probé y sigue hablando.
Plan B: intimidarlo. Tampoco funciona, ya que sonríe más.
Plan C: Todavía no tengo plan C.
“Podría empujarlo hacia la puerta”, pienso. “Tal vez si atraviesa suficientes paredes, se pierde.”
#721 en Fantasía
#426 en Personajes sobrenaturales
fantasmas demonios y hechiceros, fantasa magia viajes brujas, fantasmas demonios romance
Editado: 10.04.2026