Cambiamos de escenario. En una flota de más de 300 naves de guerra de los traidores, el emblema del imperio había sido tergiversado para mostrar su rechazo a la corona. Antes era un triángulo azul con tres círculos en el centro, uno detrás del otro, y en la parte baja el logo de la corona. Ahora los soldados del autodenominado Segundo Reino lo colocaban en forma horizontal y en color rojo, habiendo eliminado el logo de la corona.
Dentro de la nave insignia, el ex gran general y actual líder militar de la facción rebelde sostenía una breve reunión con los líderes políticos separatistas.
Femvir, cuyo emblema en el pecho ahora era el de los traidores, estaba sentado frente a varios líderes de clanes y ex miembros del senado.
—Sé lo que piensan —dijo Femvir—, pero no puedo atacar sin una provocación. Les di mi palabra de protegerlos y a la “nueva gran nación”… —añadió con sarcasmo y evidente disgusto mientras tomaba una copa con licor.
Dos ex miembros del senado, Rolvin Hellmit y Sarkan Imir, ahora convertidos en líderes de la nueva nación, lo increparon.
—Lo único que proteges es la promesa de recibir títulos nobiliarios y riquezas siendo el líder supremo del nuevo ejército del Segundo Reino —replicó Rolvin.
—No has salido a patrullar en varios nods —agregó Sarkan.
—No he tenido motivos para hacerlo —respondió Femvir. Su rostro era refinado, de la misma edad aproximada que Orwim, con cabello corto y una mirada llena de altivez y superioridad.
—Entonces, ¿esperas que ataquen primero? —preguntó Rolvin.
—Los cobardes del alto mando y el senado no enviarán tropas así como así. No quieren derramar sangre. Aún recuerdan el pasado, cuando los Xarnai casi nos extinguieron.
Su teniente, Yullen, un joven soldado de rango mayor, preguntó:
—¿Xarnai?
—Una vieja historia sobre una raza que casi nos conquista. Otro día te la cuento —respondió Femvir—. Pero lo que realmente me molesta es que ustedes fueron tan torpes de escoger la región menos poblada para iniciar su revuelta.
—Era más fácil controlar una región así. Luego vendrá la expansión —increpó Rolvin, molesto.
—Por eso te escogimos para protegernos. Confiamos en tu reputación y fiereza —añadió Sarkan, también molesto.
—Y se pusieron a pensar que, de haber una guerra, tenemos la zona con menos población por si se necesitan reclutas… —gritó Femvir, arrojando la copa al suelo.
Una puerta se abrió detrás de los senadores traidores. De ella salió Yerrown Margnur, líder del clan Nodak, quien junto a otros clanes poderosos había iniciado el movimiento independentista.
—De eso nos encargaremos nosotros —dijo Yerrown—. Junto al Clan Artharis y el Clan Wirn estamos reuniendo un grupo de científicos y genetistas de primer nivel para escoger razas viables en nuestro territorio.
—Ah, sí, tus científicos raros… Dígame, señor Margnur, ¿eso es viable? —preguntó Femvir.
—Sí. Incluso se les entregará una dotación de tecnología y guardias para que operen tranquilos.
—Bien. Aparte de eso, ¿también les darás un nombre a tu club de raros? —preguntó Femvir en tono burlón.
—Nuestro grupo, los Uldran Sarith, es más que un grupo de raros, se lo puedo asegurar —respondió Yerrown con seriedad—. Además, dígame usted cómo responderá a la llegada de Orwim Borel a NIM.
Femvir reaccionó visiblemente sobresaltado. Su rostro cambió y mostró preocupación, aunque intentó disimular.
—Ese maldito no llegó por su propia decisión… —murmuró en voz baja.
—¿Dijo algo, general? —preguntó Sarkan.
—Fue el emperador. Orwim odia NIM, demasiada paz para él —respondió Femvir, pensativo.
—¿Necesita más motivación para hacer algo? —preguntó Rolvin.
—Ese maldito… ese infeliz pasaría sobre su propia sangre si fuera necesario para venir por mi cabeza y por las de ustedes.
—Entonces… —insistió Yerrown.
—Ustedes preocúpense de sus científicos y de tratar con los negociadores. Yo sabré qué hacer con Orwim —concluyó Femvir.
Se dio la vuelta, dándoles la espalda, y se cubrió la mitad del rostro con la palma de la mano. La tensión era evidente.
De regreso en NIM, frente a una ventana que observaba la hermosa y deslumbrante ciudad, Orwim y Arfin hablaban.
—Señor, el capitán Ankara ya recibió las órdenes. Esperarán junto a las naves a las afueras del sistema solar —informó Arfin.
—Odio este planeta. Es aburrido, por eso no quería venir. Para ti no hay problema, ¿verdad? Naciste aquí.
—Creí que usted también era de aquí.
—No. Yo nací en las colonias agrarias del planeta Blir, sección 83. Hijo de granjeros. Pero quería algo diferente, fuera de la vida pacífica y tranquila. Quería demostrar que podía engrandecer más a mi raza y que podía ser más que solo un granjero.
—Y por eso se unió al ejército —dijo Arfin—. Señor, dígame… ¿qué fue lo que le dijo su majestad sobre los viejos fantasmas del pasado?
—¿No te lo dijeron en la academia?
—Verá, odiaba las clases de historia y casi no ponía atención. Ese día yo…
—Te escapaste y te disciplinaron por eso. Está en tu expediente —lo interrumpió Orwim.
—Sí, es algo de lo que avergonzarse, pero creo que aprender es parte del proceso.
—Esa no es excusa. Igual te lo diré.
Orwim continuó:
—Hace eones, cuando nuestros antepasados iniciaban su exploración espacial, se encontraron con una raza de devoradores de mundos. Los Xarnai se comportaban como pirañas: llegaban a un planeta y consumían todo lo orgánico, incluso seres inteligentes o animales. Acababan con todo. Construyeron naves para viajar de planeta en planeta destruyendo cuanto encontraban.
»En aquel entonces, nuestros primeros colonizadores apenas habían llegado al último planeta de nuestro sistema solar cuando se toparon con algunas de sus naves. La guerra fue horrible. Se perdieron las colonias en Ukran y sus lunas. Fue peor aún, pero lograron evitar que llegaran hasta aquí.
—Entiendo. En aquel entonces NIM tenía tres reyes, ¿verdad? Uno por cada continente, tres reinos diferentes —dijo Arfin.
—Sí, pero las tres naciones trabajaron en equipo. Lo peor vino 200 siclos después (aproximadamente 250 años humanos).
—¿Qué pasó?
—Los malditos regresaron con más naves. Destrozaron todas las colonias en Ukran, Valdir y Oldin. Incluso llegaron a invadir la mitad de NIM. Los reyes de las tres naciones murieron en la guerra. Nuestros antepasados lucharon con uñas y dientes, pero de entre todos surgió un nuevo líder: el primero de la dinastía, Alban Zor-en. Unificó a los sobrevivientes, expulsó a los invasores, ayudó a construir mejores naves y armas, y cazó a los Xarnai hasta extinguirlos. Él nos hizo lo que somos hoy, y por eso los sobrevivientes de los tres continentes lo proclamaron emperador.
—Entonces ese temor interno es…
—Correcto. Si nuestra raza se debilita en una guerra, ¿qué le impediría a otra raza venir y destruirnos? Por eso quiero terminar rápido con esto. Una guerra breve es necesaria.
De regreso en el territorio separatista, las naves de ataque dirigidas por Femvir llegaron hasta un sistema solar de granjas, defendido por una pequeña cantidad de soldados.
—Señor, ¿era necesario enviar cuatro flotas para atacar un único sistema solar? —preguntó Yullen.
—Créeme, este sistema está cerca del borde interior. Orwim podría atacar desde aquí.
—Pero apenas hay tropas de guardia.
—¿Y? No actúes como estratega. Lo que mueve a Orwim es el miedo y la incertidumbre.
Mientras las naves se preparaban para atacar desde el puente, en la superficie del planeta los habitantes de las granjas y pueblos escuchaban las sirenas de advertencia. Los soldados los conducían a los refugios mientras los cañones de energía golpeaban la superficie, destruyendo ciudades y pueblos.
El capitán Garid Ux, que defendía el planeta, salió con las escasas naves que tenía, pero eran pequeñas, solo para reconocimiento y vigilancia.
No pudieron hacer nada. Al salir de la atmósfera se encontraron con más de 400 naves del Segundo Reino, entre ellas 6 devastadores, naves comparables a acorazados terrestres pero del tamaño de pequeños planetas.
Las naves del capitán Ux fueron destruidas casi al instante.
—¡Necesitamos apoyo! ¡Las flotas separatistas están destruyendo los planetas granja en el borde interior, sección 128, cuadrante 23.1! ¡Deprisa o nos aniquilarán! —logró transmitir antes de que su nave fuera destruida.
En la superficie, dos familias estaban a punto de llegar al refugio. Entre ellos estaban Addak y Lugan. El padre de Lugan cayó entre la multitud y ambos lo ayudaron a levantarse.
—Padre, madre, ayudaré al padre de Lugan y regresaré por ustedes… —dijo Addak, sin saber que sería la última vez que los vería.
Mientras llevaba al padre de su amigo hacia el refugio, una potente explosión estalló detrás de ellos. Addak se salvó por cuestión del destino.
—¡Madre! ¡Padre! —gritó con desesperación.
Uno de los cañones dirigidos por Femvir había impactado cerca, destruyendo todo a su alrededor y matando a los padres y a la hermana de Addak.
—¡Noooo! ¡Nooo! —intentó regresar, pero Lugan lo arrastró a la fuerza hacia el refugio. Era demasiado tarde. La explosión los había evaporado.