-El grupo de los diecinueve jóvenes y la primera puerta, Javier R. Cinacchi-
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LA REUNIÓN DE LOS VEINTE JÓVENES
El Grupo de los Veinte Jóvenes, con muchas ansias está aguardando los últimos minutos para la celebración de su comienzo formal. La mayoría espera para entrar en el salón de fiestas. Juan, Sonia, Mateos y Flavia. Se encuentran adentro pendientes de los últimos detalles. En el escenario hay músicos probando el sonido y la afinación.
Se los escucha con sus guitarras criollas. Comienzan a hacer vibrar las cuerdas, y hacer llorar las notas que salen de ellas. Al poco tiempo cambian a arpegios. En distintas voces interpretan simultáneamente una misma melodía. Son voces armoniosas, aunque diferentes, entonando misma canción en distintos tonos. Hablan un idioma que no sólo se escucha, también se lo percibe con el sentimiento. Afuera del salón, la música silenció al murmullo de la espera, acrecentando las ansias por disfrutar de los que aguardan por entrar.
A los minutos de arpegios, únicamente se comienza a oír un sonido rítmico, producido por las notas graves de las cuerdas bordonas de las guitarras.
Sabían, habría un quinteto de folclore. Juan no pudo callar su idea de contratarlos. Él, trabaja en seguridad en un supermercado, e invirtió todo su aguinaldo pedido por adelantado, en contratarlos por una noche, un domingo. Hay dos “aguinaldos” por año, cada uno equivale aproximadamente al sueldo de una quincena de trabajo.
Cuando cesa la rítmica melodía de tonos bajos, vuelve a escucharse en alza, los murmullos en los jóvenes.
Se dicen unos a otros: “¡Qué bueno!”; “Va a estar genial”; “¿Cuánto falta?”.
A los instantes, se abre la puerta del salón, y nacen los aplausos que se atenúan hasta enmudecerse. Los cuatro que estaban adentro se incorporan al final de la fila para entrar junto a todos. Se cierra nuevamente la puerta del salón. Las miradas se dirigen a ellos, Juan dice:
—¿Qué? ¿No pensarían nos íbamos a perder la entrada, no?
Nadie contesta, uno a uno vuelve a mirar hacia adelante para ingresar al salón. Al instante, un señor vestido de gala abre la entrada. Dice:
—Por favor, pasen…
Comienzan a entrar, suben una escalera que los llevará al salón principal. Al costado de ésta, a pocos metros de la entrada, hay un mural pintado.
Marcos se detiene un instante a observarlo; posee un castillo con unos murciélagos adelante de una luna llena. Sus ventanas están amarillas como si hubiera luz adentro. Rodean al castillo montañas, las cuales son una sombra iluminada por la escasa luz de la luna. Un camino tortuoso avanza hasta su puerta. Se la observa, casi confundiéndose con las gastadas piedras del castillo. Hay que esforzarse para notar que allí hay una puerta. Si esta no estuviera en dónde se la suele ver, pasaría desapercibida.
Las escaleras del salón, son iluminadas por dos tubos fluorescentes en forma de relámpagos. Paralelos y zigzagueantes se prolongan iluminándola.
El sonido de un violín, comienza suavemente como si se tratara de una suave brisa, naciendo en noche silenciosa. Pasan por la entrada del salón, uno a uno en fila quedando de espaldas a la escalera. Se detienen a contemplar a su alrededor, desean, queden por siempre en el recuerdo las imágenes de tal momento especial.
Una escena un poco fuera de lo común se presentaba ante ellos; distintos estilos se mezclan para formar fusionándose aquel lugar. Presenta una ambientación medieval junto a una moderna; ambas reunidas en un salón; invitan a que el tiempo caiga en olvido entre sombras y luces.
Ese instante es iluminado por escasa luz y por el piso. Mediante una fila de baldosas con luz, que se prolongan hasta una antigua mesa redonda que se encuentra en el medio del lugar, y luego continúan por debajo de esta hasta el escenario. Tales baldosas se quedan mostrando pequeña luminosidad verde clara, envuelta por manto de humo gris. Éste, se lo ve descender del escenario, de ambas puntas, donde en el centro se encuentra el violinista concentrado en su interpretación.
Se lo observa como si estuviera parado en una nube gris, vista por una gran ventana rodeada de cortinas antiguas de viejo teatro. Lo ilumina luz celeste. Las luminosas baldosas en ese instante, avanzan hasta el escenario haciendo un juego de luces, y marcando un inconfundible camino.
Los jóvenes al contemplar esta ambientación, murmuran la sorpresa que acaricia sus sentidos. La mayoría nunca había visto algo así. Hay tantas cosas hermosas, que siempre hay belleza por descubrir por todos lados.
Al centrar la atención en el violinista, se lo observa vestido de cuero negro, éste refleja tenues brillos. Más pronunciados aún, en los metales formando dibujos, sobre el negro cuero de su campera. Viste como Heavy Metal, aunque no posee una guitarra eléctrica, sino un reluciente violín ¿Las apariencias engañan? Se mueve suavemente mientras interpreta, absorto en la melodía, que de él nace en ese instante. Las apariencias solo engañan aveces, la mayoría tiende a mostrarse cómo es, el problema no son las apariencias sino cómo se las interpreta.
La antigua mesa redonda, se ilumina por un candelero de vidrio blanco; comienza entonces a añadir claridad, sumando su pequeña luz al ambiente. Flavia se adelanta y se ubica ante la línea formada por las baldosas iluminadas. Un poco ansiosa dice:
—¡Vengan, no se queden ahí parados!
La siguen curiosos y atentos. Se escucha un sonido repentino proveniente de maquinas de humo, y al instante casi no se ven los pies. Avanzando unos pasos, algunos flashes comienzan a encenderse y apagarse, no muchos, pocos. En las paredes hay pintadas estrellas. La bandera de Marcos y Mónica, muy bien realizada, se observa sobre el escenario, rodeada de fino tubo fluorescente de leve luz color violeta. Los ojos de los personajes petisos son algo tenebrosos.
Contra la pared, mesas y sillas habían sido acomodadas y tapadas de tal forma, por telas pintadas, que con el humo más las luces no parecían esto, sino rocas rodeándolos por los costados. Y como la mesa está con los platos vacíos, se comprende es una invitación a centrar la atención en el escenario.
En cuanto se acercaron con su paso lento, acomodándose al frente, el violinista deja de tocar y se queda quieto. El piso comenzó a mostrar un juego de luces, añadiéndose al ambiente efectos de láser resplandeciendo en el humo, atravesándolo y dibujando figuras. Al minuto el violinista busca una guitarra y así se vuelve guitarrista, y detrás de él se dejó ver a alguien en percusión. Aparecen lentamente, uno a uno todo un grupo de Hard Rock –las apariencias rara vez engañan para los que saben ver–, quedando inmóviles frente al grupo de los veinte, hasta que todos están listos.
Comenzó así, un mini recital privado. ¿Y los que tocaban folclore?
—Le damos la Bienvenida al Grupo de los Veinte Jóvenes que buscan hacer algo distinto, que sea sano… Obvio. —Dice con una sonrisa irónica un músico.
Un fuerte trueno resuena prolongándose un instante, a lo cual gritaron algunas chicas. El sonido de truenos en distintas intensidades, los acompañarían a lo largo del festejo.
—Parece que va a llover… ¡Diviértanse! ¡Uff! Y gracias por esta cerveza artesanal que tienen y nos convidaron, se ganarán unos temas extra por la cerveza —añadió el músico.
Aplausos y ovaciones.
Al comenzar la música, algunos bailaron; en un momento el baile fue empujarse y saltar al volverse música Heavy Metal. Humo, luces y efectos los acompañan.
Así comenzó el mini recital que organizaron, tocaron unas canciones durante unos cuarenta y cinco minutos, saludaron, y luego sólo quedó el que tocaba el violín, al cual recurrió nuevamente. Tomándolo con delicadeza, como si se tratase del cristal más débil y costoso que existiera. Comienza a sentirse la sensación de haber finalizado esa escenografía aunque no se quisiera.
Se escuchan algunos truenos de fondo, lejanos, no se sabe si son preparados o de la tormenta. El violinista de forma magistral prolonga melodías perfectamente en tonos armoniosos, y algunas partes enganchadas de canciones conocidas con algunos juegos de luces; al rato de esto, se suma un quinteto con guitarras criollas de folcloristas que comienzan a acompañarlo. Posee un aire de misterio aquella música acrecentado por el entorno.
Así seis músicos con sus instrumentos de cuerdas comenzaron a interpretar de esas canciones que casi todos conocen. El violinista a veces se movía como si interpretara Heavy, y los guitarristas le miran con una sonrisa. ¿Estaba eso preparado?
—¡Alucinante! —dijo en voz bien alta Juan.
—¡Copadísimo! —dijo en voz bien alta Carla.
—¡Bravo! ¡Otra, otra! —gritaban cuando terminaba cada canción.
Volvió el baterista, volvió el bajista, y se fueron integrando a los guitarristas casi todo el grupo anterior, incluso el cantante, el cual acompaña algunas canciones con su voz. Se los escucha de maravilla. Los mozos traen cerveza para todos incluyendo a los músicos, que son expertos tomadores.
—Esto no estaba preparado así —comenta Flavia a Mónica.
No se sabe quienes disfrutan más, si los músicos que terminaron todos juntos, o los que se reúnen para festejar un comienzo.
Todos están felices, así lo expresaban con sus cuerpos, miradas, silencios, palabras y alguna que otra lágrima de emoción.
Interpretan una canción tras otra. Hasta resulta extraño lo tan bien que lo hacen y combinan. Están inspirados en el arte.
Comienza la última canción juntos, esto es notorio porque se estrechan las manos, se saludan con gestos. Impresionante, sin duda alguna hablan un mismo idioma entre los estilos, y eso que se ven bien distintos.
Se alejaron los rockeros, quedaron los folclóricos ¡Aún no había terminado la fiesta! Se miraron, miraron un instante a su público de veinte personas:
—¡Un! ¡Dos! ¡Tres! —gritó el del medio, con pasión, dando golpecitos con el pie al escenario...
—¿Cómo pueden mover así los dedos sin equivocarse? —se le escucha decir a Marcos al instante.
Comienzan a interpretar canciones clásicas de los guitarristas argentinos e internacionales más conocidos, incluyendo tangos de Piazzolla, y música clásica interpretada en las cinco guitarras. No eran simples folcloristas... Al tocar Asturias de Albeniz, es acompañada por todo un juego de luces. Indudablemente estos podían interpretar cualquier cosa.
Luego de treinta y cinco minutos de excelentes interpretaciones y juegos de luces. A la espalda de los jóvenes, estaba servida la mesa. Al lado de ésta, se encuentra otra más pequeña llena de alimentos y bebidas, aunque principalmente parecen ser postres. Se preguntaron algunos, “¿Cuándo la pusieron allí?”
—Chicos —dijo un músico—, nos despedimos, espero les haya gustado tanto como a nosotros. ¡Hasta la próxima!
El quinteto interpretó en guitarra y canto, un hermoso folclore, de esos que llegan al alma y conoce casi todo argentino y extranjero. El canto con el sonido de las cuerdas estremece, como si hablara la pura pasión. Se despiden, no sin recibir aplausos y ovaciones afectivas. ¿Había terminado el show? Qué lástima...
Reflectores iluminan la bandera realizada por Marcos y Mónica. Juan sube al escenario, los reflectores apuntan a él. Dice totalmente carente de carisma y arte.
—Bueno… Ahora a seguir disfrutando de buena música, a conocernos un poco, a presentarnos… Y… No se asusten, por la idea de Sonia.
Descendió rápidamente del escenario. Se apagan todas las luces un momento, se observa una proyección en el techo, de la luna llena. Posee algunas representaciones de nubes moviéndose por delante, parece real. Tan real que las tenues nubes son traslucidas y en la luna se le observan las irregularidades grises.
Se escuchan nuevamente las maquinas de humo y sobresalta un fuerte aullido de lobo, era cómo si estuviera allí. Están como envueltos por un cielo estrellado, entre rocas y neblina.
Realmente un poco asustadiza la escena, hasta que comenzó a escucharse música tecno y hubo un show de efectos de luces rodeándolos. Es que cada uno tiene su distinta onda...
Al ritmo de una nueva música estuvieron un rato bailando algunos, e intentándolo otros, hasta que dejándose notar claramente el salón, comienza a haber más iluminación y se baja la música. Se ilumina perfectamente el lugar, con música ahora de fondo. El show ha finalizado y comenzaba el conocerse entre los que menos se conocían.
Comieron y charlaron como en cualquier reunión de amigos, hasta que Juan se para y Dice:
—Tendríamos que presentarnos uno a uno… Ya que hoy ha comenzado el Grupo de los Veinte Jóvenes. Charlar lo que será, y cómo nos manejaremos. ¿Qué les parece si nos sentamos sin esta mesa en medio, al lado de la mesita con cosas?
Corrieron las sillas, y cada uno va al lado de la mesita repleta de bombones, torta, masas secas, duraznos con crema y otros; además de bebidas, como para el doble de personas. Allí, comienza la presentación de cada uno, en medio de lo que se vuelve un inmenso salón. No da sensación de vacío sino de intimidad. Se escucha sonido de lluvia entre medio de una música de fondo, muy suave, mientras se presenta el primero. Todos están muy divertidos, aparte ya tomaron bastante...
—Mi nombre es Juan, me encantan los autos y viajar. Trabajo en un negocio donde soy jefe de seguridad. Me gusta la música nacional, desde folclore y tango, al Rock pesado. Me gustaría nos reunamos para realizar viajes. De hecho, se puede contar con mi coche, así junto con otros vehículos emprenderlos… Conocí a Marcos quien me dijo había sido elegido para formar parte de este grupo, y pensé que me había ganado un premio o algo así… cosa que en realidad creo no me he equivocado…
Se escuchan aplausos y continúa el siguiente, quien habla rápido, por pensar aburriría a los demás.
—Mi nombre es Marcos, me gusta todo lo que tiene que ver con castillos, fantasía y caballeros. Estoy en este grupo gracias a Mónica, ahora mi novia, y Carla. Trabajo en Capital Federal, en un negocio de comidas. Me encantaría ir alguna vez a algún castillo. De hecho, conozco donde hay uno… Me gusta comer asado y un poco jugar al fútbol; y disfruto mucho poder conocerlos.
Se escuchan aplausos, risas, pues ya se ríen de todo, y un “hermoso”, proveniente de Mónica, la cual continúo presentándose.
—Mi nombre es Mónica, estaba esperando a alguien que conocí por Internet, quien por suerte nunca vino. Y Carla, de quien salió la idea de formar este grupo de amigos, me lo dijo en donde nos cruzamos; por casualidad, mientras esperaba a ese. Vivo con mis padres y no hago nada… Estudié un poco historia en la facultad, pero lo dejé por un trabajo del cual al final me echaron, y ahora me tomé unas largas vacaciones.
Se escucha nuevamente aplausos más alguien que grita “ponete las pilas”, expresión aceptada como graciosa por la de “largas vacaciones”.
—Hola, soy Carla. Conocí a Mónica cuando estaba paseando. Quería hacer algo distinto a lo que hacía generalmente, como ser… Salir con un novio… Ir a comer algo… Ir a bailar… O cosas por el estilo, esas cosas que una suele hacer. Me crucé con Mónica quien estaba sola y se me ocurrió comentarle la idea que ya todos conocemos. Estudio psicología y me gustan mucho las plantas.
Nuevamente se escuchan aplausos risas y comentarios. Al finalizar Carla todos se quedan mirando un instante, sin saber quién sería el siguiente. El que continuó fue David.
—…Bueno… Mi nombre es David, estaba en la costanera estudiando para rendir mi última materia de teología, cuando me invitó Mateos. Soy cristiano, voy a la iglesia y me recibí de teólogo. No tengo novia. Miro todas las películas de acción que pasan por la tele. Mi sueño es hacer un viaje a Israel… Y el show que prepararon me pareció buenísimo.
—Felicitaciones por recibirte de teólogo —le dice Sonia, a lo cual se sumaron las de los demás y le aplaudieron.
—Gracias —comenta David y continúa:— Bueno ¿Quién sigue?
—Hola, soy Carmen. Tengo veinticuatro años. Me gusta ir a bailar, conocer gente, estoy fascinada con todo lo que me contó Sonia y esta reunión. A Sonia la conocí hace años en la secundaria —realiza una pausa y añade:— Tuve un sueño muy curioso: Soñé que estaba en un grupo de chicos y chicas; alguien se ahogaba, y agarraba un anillo de oro, el cual flotaba en el agua. Primero había dicho no me interesa pero cuando me enteré del anillo de Marcos quise venir, porque lo soñé antes.
Esta vez solo se escucharon pocos aplausos, pues algunos se quedaron pensando.
—¿Viste que se ahogaba alguno de nosotros? —Pregunta Marcos.
Carmen, una chica de pelo rojo, ojos marrones y tez tan blanca como la nieve, se lleva la mano a la boca como diciendo “¿Para que conté lo de mi sueño? ¡Qué vergüenza!”.
Ante la mirada de varios, en medio del salón, y con un sonido de un trueno que la hace estremecer, se sirve un vaso de limonada, para en ese tiempo ganado pensar algo. Toma un sorbito de limonada mientras la miran, y como la mirada de todos estaba atenta en ella, continúa:
—En realidad en mi sueño, no era una persona la que se ahogaba… Ustedes saben, uno sueña cualquier cosa… Aunque juraría, estaba a mi lado, en el sueño, Carla —y añade rápidamente—: Ella no se ahogaba, sólo estaba a mi lado, de hecho me sorprendí cuando la vi aquí, aunque obviamente no sabía que era Carla… Bueno ¿Quién sigue?
—¿¡En serio me viste en tu sueño!? ¿Pero quién se ahogaba? —Pregunta Carla.
Carmen le dirige una mirada a Sonia, quien ante tal, dramatizando se lleva una mano al pecho abriendo bien los ojos y la boca. Al darse cuenta Carmen que va de mal en peor desde que habló. Y en realidad la había mirado porque quería que Sonia se presentara ella, y así terminar de hablar. Se da cuenta allí la mal interpretación de la mirada, y por ello no le queda otra que continuar en el centro de la atención.
—No se rían pero en el agua, se ahogaba algo semejante a un ave inmensa de fuego con alguien montado en ella…
Marcos, como todos estaba con la atención cautivada, pero que diga de repente eso, le fue como un sobresalto interno, y sin querer tira una copa que tenía apoyada en su silla, por un movimiento brusco y algo compulsivo al inclinarse hacia adelante. Ahora todos lo miran a él. Esto acrecentado por como comienza a excusarse:
—¡Huy que tonto! Tiré una copa… Ehh… Sí, solemos tener sueños raros... Y… Sin querer se me cae esto… no tengo que mezclar vino con cerveza… ni añadirle whisky a la cerveza luego del vino...
—Lo bueno es que te sirvió para animarte a estar acá. Seguro fue solo casualidad—. Interrumpe Mónica al notar, su novio no sabe como disimular su asombro, y no le agradaría que se ponga a hablar del pájaro de fuego que le dice haber visto.
—Sí segura… En fin… ¿Quién sigue?
—Estaba con Estefanía y Cecilia. Perdón, soy Sonia. Íbamos a pasear, y esperábamos a Carmen que no pudo venir, porque le salió una clase importante de inglés, que es su trabajo. Cuando Carla y Mónica, al vernos nos invitaron; contándonos a las tres de qué se trataba la idea del grupo. Nos interesó, llegó al rato Juan con Marcos, y fuimos aquel día a pasear. A mí me gusta mucho la ropa, y trabajo en una tienda de vestidos para novias.
En ese instante, llamando la atención, se acerca un mozo con una pequeñita caja de unos cuarenta centímetros por veinte.
—Disculpen los interrumpa —dice el mozo—, pero alguien trajo esto. ¿A quién se la entrego? Dijo que es para el grupo de los que están aquí reunidos, y se la entregue al líder.
—Lo último que falta, es sean anillos —le murmura Marcos a Mónica.
El mozo al notar hablar a Marcos le dice:
—Permítame señor, se lo entregue a usted ¿Si a nadie le incomoda?
—Gracias… No soy el líder. No hay un líder. Bueno, gracias —dice Marcos, recibiendo la pequeña caja envuelta con papel negro como plastificado. Añade:— ¿Pero quién la trajo?
—No me dijo el nombre —responde el mozo—. Era alguien con una moto, me dio la impresión de un típico mensajero, de los que se contratan para entregar paquetes.
—Gracias —responde Marcos tomando “el paquete”, el mozo hace una pequeña afirmación con la cabeza y se aleja.
A Marcos se lo ve incómodo. Está seguro, aunque nada tiene que ver con esa caja, o algo le diera indicios de suponer su contenido, salvo su imaginación y mal presentimiento lógico, que allí se encuentran anillos. Mira a Juan y le pregunta:
—Che Juan, la verdad, no tengo muchas ganas de sorpresas extrañas, y ya me tomé todo. Vos que estuviste en la organización de esta reunión, ¿sabés de dónde salió esta cajita no?
Juan hace un gesto negando y mira a Flavia. La única entre ellos aparentemente capaz de costear muchas cosas, de tener el privilegio de realizar sorpresas pomposas.
—No sé nada de eso —afirma Flavia de forma convincente y cortante.
Marcos respira profundamente y pregunta:
—¿Qué hago con esto?
—¡Abrilo, qué esperás! —dijo un chico alto, quien recordando aún no se ha presentado, añade rápidamente:— Y me presento. Me gusta salir a comer asado, reunirme con amigos, jugar al fútbol, hacer algo distinto, llevar una vida sana. No fumo pero me gusta un poco el vino tinto. Me gusta hacer de todo. Soy mecánico y profesor de Karate. Me llamo Pablo.
A alguien se le escabulle otra risa por la forma de presentarse de Pablo, espontánea y rápida. Carla le responde:
—Encantada de conocerte.
—Sí… Bienvenido, seguro seremos buenos amigos.
Comenta Marcos quien no deseaba abrir ese paquete en medio de todos, sin saber primero su contenido. Ya le habían pasado suficientes cosas raras por el momento.
—¿Me lo dejás examinar? —dijo Juan en tono un poco burlón, intentando disimular con una broma, lo que realmente quería hacer.
Toma la cajita suavemente, se la lleva al oído, la examina. Marcos se sirve una porción de damascos con crema para comerlo junto a Mónica, tratándose de olvidar de ese paquete, ya que otro se lo pidió. Luego de llenarle la boca con crema a Mónica, la mira con una sonrisa, pero la sonrisa se le va al decir lo que pensaba:
—A que hay anillos ahí dentro.
—¿Qué dijiste Marcos? —le dice Carla al parecerle oír algo de “anillos”, cómo si tuviera un radar apuntando a esa palabra.
—No sé… Tengo el presentimiento, ahí hay más de estos anillos misteriosos.
—Perdón. Soy Nicolás, amigo de Mateos. Recién oí mucho de todos ustedes hoy mismo ¿Es cierto lo de los anillos?
—Sí, guarden un poco de silencio, por favor… —dijo Juan y añade:— Discúlpame Nicolás. Quiero ver si noto algo raro en este paquetito, que no sabemos de dónde salió.
Continúa examinado la cajita, intenta adivinar su contenido. La acerca a su nariz, la huele; la mueve suavemente cerca de su oreja esperando escuchar algún ruidito. Piensa unos minutos, y pregunta.
—¿Si quieren la mando a analizar por medio de mi papá que es policía? Quizás tenga huellas digitales o la analicen y nos den algún dato. Antes que la toquen todos…
—Juan ¿No estás exagerando? —le pregunta Flavia.
—¿Vos nos repartiste anillos Flavia? —pregunta Carla pero ella misma se responde— Me olvidaba, el primero en encontrar uno, fue Marcos y no lo conocías. La verdad, los cuatro nos cruzamos de casualidad…
—Miren lo coloco sobre ésta silla —Dice interrumpiendo Juan; corriendo la silla en la cual estaba sentado, ubicándola en el medio de todos, y quedándose él parado. Añade—: No sabemos qué hay adentro. Si alguien sabe verdaderamente, que lo diga y listo. Si nadie lo abre, le cuento todo a mi papá para que lo investigue como algo de él y muy discretamente…
—¿Y si está llena esa caja de anillos de oro? —insiste Carla...
De esta forma por una cajita fue interrumpida la presentación de cada uno, y todos comenzaron a mirarla, tocarla, olerla, moverla. Luego comenzaron a hacer chistes y burlarse sobre lo que podría tener adentro. En un momento a Cristian, un chico de pelo un poco desprolijo y ondulado, se le cae al suelo. Se excusa:
—Vamos progresando, algo que explote o se rompa fácil parece ser no es. Qué bueno —y sonríe para disimular la culpa con lo gracioso.
Transcurrió más de una hora. Es extraño lo rápido del trascurso del tiempo cuando se está entretenido con algo, aunque esto sea descubrir el contenido de una pequeña caja.
Flavia, tiene ganas de continuar con lo que habían organizado junto con los demás. Considera cuánto se han demorado y aún no se han presentado todos. Ni siquiera se ha hablado formalmente del grupo y sus reglas. Aunque todo hasta ahora es divertido, considera no hay que olvidarse de esos detalles importantes. Entonces decidida se expresa:
—Voy a sacarle el papel que lo envuelve con cuidado.
Está realizando esta tarea muy concentrada, cuando Sonia le grita un infaltable “¡Buuu!”. Lo hace tocándole rápidamente, casi como un pellizco las últimas costillas, a lo cual Flavia grita y tira la cajita hacia el techo, por poco rompiendo una luz. Comienza a caer, he intentan agarrarla: Marcos, Mónica, Juan, Ceci, y Tomás, sólo logran entorpecerse mutuamente y luego de rosar algunas manos, golpea contra el piso provocando un sonido opaco.
—¡Uhhh! —se escuchó sincronizado en varios.
David la levanta, y la miran. Comienza a quitarle el ya dañado envoltorio. No sin tener que hacer un poco de fuerza con los dedos al apartarlo. Deja al descubierto una cajita. Del mismo color al del envoltorio.
—¡Ah bueno! —dice Juan—. Vamos progresando, si seguimos así, dentro de media hora más, terminamos de ver, luego de dos horas qué hay adentro.
Abren la cajita.
Todos están atentos observando lo que es un pequeño baúl de madera, con la señal de un golpe en una de sus puntas, y unas pequeñas abolladuras, destaca un signo de suma, grabado en la tapa. David intenta abrirla y no puede.
—No puedo abrir esto. Probá vos que sos grandote. —le dice a Pablo.
Este forcejea y tampoco consigue abrirla. En eso se acerca un mozo.
—¿Necesitan algo?
—Todo bien, no se preocupe, cualquier cosa lo llamamos. — Le contestó Estefanía.
—A ver… —dijo Juan y tomando la tapa del pequeñito baúl mientras Pablo la tenía del otro extremo. Continúa—: Uno… Dos… y… ¡Tres!
Pablo quien realizó fuerza en sentido contrario, previsiblemente se cae, porque hacía mucha fuerza por no quedar como debilucho; pero la risa que ocasiona esto, es silenciada instantáneamente por el asombro. Observan anillos caer provocando sonido de metal al golpear contra el suelo, más pedacitos de telgopor. Algunos anillos ruedan por el salón.
Los recogen y colocan junto con el pequeño baúl en la silla, en medio de los veinte. Marcos los cuenta, son diecisiete anillos muy parecidos a los de él y Carla. Por dentro tienen como diamantes, tal como lo había descrito Carla; aunque cada uno, con un diseño distinto que pareciera expresa algo.
Esto daba en total diecinueve anillos. Hablan bastante de ello. Inventan todo tipo de teorías. Llegando a estar seguros tan sólo de no saber su procedencia, y que no eran enviados por alguno de ellos. Mónica desde que observó a Carla con un anillo idéntico al de su novio, quiso tener a uno. Expresa lo que ya habían pensado todos en aquel momento:
—El problema es que falta uno, estaría bueno, todos tuviéramos un anillo ¿Qué hacemos? ¿Quién se quedará sin uno?
Lo cual les llevó a hablar de ello durante otro largo rato. Al final, por votación decidieron sortear al que no tendría su anillo, de entre los últimos diez integrantes del grupo. Los que por ahora menos habían aportado al mismo. Luego, el anillo de cada uno, sería elegido por el que sería su dueño, del montón y con los ojos cerrados. Hasta el último de los que no lo tienen, que solo tendría una opción a elegir. Al que sacaba uno, si no le iba el tamaño lo dejaría de nuevo adentro… pero misteriosamente cuando comenzaron a hacerlo, la mayoría decía “me va bien”, pocos eran los que tenían que dejar un anillo para volver a intentar elegir.
Mónica saltó de alegría cuando se puso su anillo; y contenta fue a los brazos de su novio. Carmen se puso un poco triste desde que fue sorteada como la que no tendría su anillo, “ya lo sabía” –se repetía por dentro– “no me sorprende”. Juan pensó en regalarle el suyo, pero al analizar que tal vez eran diamantes lo que poseía en su parte interior, y recién hace horas tan sólo comenzaba a conocer a Carmen, cambió rápido de idea.
—Hagamos así —dice Marcos—. Los anillos no se pueden vender salvo consentimiento de todos, y si alguien deja el grupo deberá pasarle su anillo a quien no lo tenga.
—¡Eso! —dice Flavia—. Comencemos a anotar las normas del grupo, que después que se presenten todos las deberíamos firmar.
—¿Quién falta presentarse? ¿Se paran por favor? —pregunta Carla.
Se ponen en pie más de la mitad, entonces Carla añade:
—¿Se presentan rápido? Porfa.
—Mi nombre es Estefanía, soy cajera en un supermercado hace ya cinco años. Me gustan muchos las novelas, salir, y los animales prehistóricos. —Dice Estefanía y se vuelve a sentar.
—¿Los animales prehistóricos? —le pregunta Marcos.
—Marcos —dice Ceci—, mejor no preguntamos cada detalle ¡Qué tiene de raro te interesen los animales prehistóricos! Yo colecciono ositos. Mi nombre es Cecilia y me dicen Ceci. Estudié administración de empresas y vivo con papá y mamá. También estudié baile, es mi pasión.
—Mi nombre es Sabrina, me recibo de abogada este año. Me gusta charlar y salir con amigos, mi color favorito es el rosa, y me gusta ver novelas, en especial de amor.
—Mi nombre es Mateos, soy amigo y compañero de trabajo de Marcos. Lo apoyo en ir a visitar algún día un castillo, no por que sea mi amigo claro… Me encanta la filosofía, pero estudié inglés, y soy profesor de guitarra.
—Mi nombre es Rubén. Reparo computadoras, y me gusta mucho todo lo relacionado. Toco un poco el bajo, me gusta ir a ver bandas de música, los autos, y también me ofrezco con mi vehículo para hacer viajes.
—Mi nombre es Cristian, me fascina la poesía, de hecho soy poeta, vivo de esto. Escribo libros y también tengo algunos poemas en Internet. No me gusta ni ir a bailar, ni jugar al fútbol, pero si charlar y pasear.
—Mi nombre es Noemí, me encanta la poesía y de vez en cuando voy a bailar. Me peleé con mi novio, no quería que venga. Dice no podía conocer a chicos. Así que no tengo más novio, me encantaría hacer cosas distintas —dice Noemí emocionada—, viajar y conocer lugares lindos con ustedes sería buenísimo.
—Hola, soy Nicolás, también voy a la iglesia aunque sólo de vez en cuando. Trabajo haciendo instalaciones eléctricas y lo que pueda hacer. Me gustan las plantas, pintar y jugar al fútbol. Soy vecino de Tomás. Jugamos al fútbol tiempo atrás en un mismo club.
—Soy Verónica, trabajo en promoción de productos, estudié inglés e italiano. Tengo veintitrés años y vivo sola. Me gusta ir a pubs, tengo novio y me fascina toda la cultura oriental. Mi papá es profesor de Kung-fu. Lo ayudo un poco dando clases y práctico además gimnasia aeróbica.
—¡Wow! Mi nombre es Miguel, tengo una moto que es lo que me gusta. Corrí algunas carreras, también me gusta el fútbol y el Metal pesado, vine por Marcos. Nos conocemos hace años porqué fue novio de mi hermana, y sabía a mi me gusta bastante lo fuera de lo común. Los deportes de riesgo y nadar me encanta. Y las artes marciales.
—Mi nombre es Esperanza, soy un poco tímida. La verdad tengo una vida aburrida, y me encantaría cambiarla. No sé qué contarles chicos, ni siquiera sé qué me gusta. Me aburro mucho cuando estoy sola, soy hija única, hice algunos cursos de cocina. Nunca tuve más de dos amigas, y estoy muy contenta de conocerlos.
Sólo faltaba se presente Flavia, la cual no lo había hecho, ni se había parado cuando se dijo se paren los que faltaban. Algunos entonces comienzan a mirarla y al fin, se levanta y presenta:
—Me gusta la música y divertirme, pasear por la costanera, tomar sol. Leer un poco mientras tomo sol, y escuchar buena música… ideal. Soy un poco gastadora. No lo digan a nadie pero vivo de una herencia, y de una empresa de la cual poseo cantidad considerable de acciones. En realidad soy una dueña, porque tengo como un 30%...
—Gracias por la confianza Flavia, una de las normas será no hablar de que uno de nosotros posee una buena economía. —Comenta Juan firme y muy serio. Luego de haber interrumpido, aguarda un instante pensando qué seguir diciendo. Sin ocurrírsele nada, comienza a aplaudir.
Entonces todos aplauden. Los más sentimentales, incluyendo Juan, David y Cristian, hacen fuerza para no se les escape una lágrima, mientras se suman festejos, en algunos algo exagerados...
Flavia sale corriendo.
— Oops, ¿qué onda? —dice Sonia.
Se dan cuenta, había ido hacia donde está la cabina de música, con el musicalizador dormido. Ante un golpecito en la cabina despierta, y a una señal de Flavia, comienza a pasar música para bailar, y retornan los efectos de luces.
Algunos bailaron, otros se quedaron tomando cerveza que les sirven bien fría los mozos. Marcos no fue a bailar y sacó un papel, el cual, lo estuvieron viendo los que prefirieron las cervezas frías o gaseosas antes que el baile. Eran las normas del grupo que se les había ocurrido. En un momento Cecilia bailó unas canciones mientras todos la miraban, ¡espléndidamente! baile contemporáneo, aunque algunos pasos se vieron algo raros, muy lindo.
Flavia también había escrito ideas en un papel, se lo entregó a Juan. Y éste a su vez, tenía otras hojas de cuaderno (cuatro), con reglas.
Todos se enteraron de lo que estaban haciendo. No les molestó. Consultarían a todos si estaban de acuerdo, a la hora de debatir.
Comienza a amanecer y debían terminar antes que finalice el tiempo contratado, Marcos va al escenario.
Al ver a Marcos estando allí, Flavia nuevamente se dirige corriendo a la cabina. Marcos es enfocado por un reflector, algunos efectos de láser se muestran. Sale humo de las máquinas de humo, y cesa la música. Marcos totalmente incómodo, pues le daba vergüenza el sólo hecho de subir al escenario, comienza a hablar.
—En fin… —Observó un instante, uno a uno, dándose cuenta en ese momento que todos lo miran demasiado atentamente. Poniéndose más nervioso aún, continúa:— En realidad: en principio...
Vuelve a estar en silencio y comienza a mirar un papel que posee.
—¡Dale hablá! —le grita Juan.
—Bueno, este es el reglamento. Al que no le guste lo dice, porque sino lo dice, al final hay que firmar conformidad, y no hay vuelta atrás. —Lee ante la mirada de todos:
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Editado: 06.05.2026