-El grupo de los diecinueve jóvenes y la primera puerta, Javier R. Cinacchi-
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ACONTECIMIENTOS EXTRAÑOS
Flavia se comunica con Carla por teléfono. Está muy alterada. Dice:
— ¡Olvídensen de mí! No sé qué ocurre, y no me quiero meter en cosas raras.
— No te asustes ¿Qué es lo que te pasa? —le responde Carla.
— ¡No hay ninguna explicación! ¿Cómo un anillo puede evitar lo agarre, alejarse y esconderse moviéndose solo?
— ¿Estás segura de lo que viste? —al no obtener respuesta, Carla vuelve a preguntar:— Flavia ¿Me escuchás?
Pero no se escuchó palabra o sonido alguno, más allá del de Flavia cortando la comunicación. Lo primero que se le ocurrió a Carla es llamar a Juan, quien la fue a buscar para ir a ver qué le pasaba.
En el auto, Carla con Juan conversan:
— Flavia estuvo muy contenta en la fiesta, y ahora sale con esto. Es extraño ¿Qué le habrá pasado?
— Dice... ¿el anillo la evita? —pregunta Juan.
— Parece ser eso le parece a ella, no creo mienta conscientemente. Eso debe ser su realidad. Debemos averiguar lo qué realmente la motivó a tal enojo. Supongo está confundida.
— Y sí —le responde Juan a Carla—. Me cuesta creer que el
anillo la este esquivando, no sé, como si fuera una persona.
Conversan sobre esto. Y por no perder tiempo, tan sólo llamaron a Marcos y Mónica para que estén enterados, pero no los fueron a buscar.
— ¿Acá vive? Que linda casa… —le dice Carla a Juan, en la puerta de un bellísimo edificio, muy bien cuidado en todos los detalles. Juan le responde con una mirada sin palabras, aunque no carente de expresión que expresa, “obvio, es del tipo de personas a las que le sobra el dinero”.
Se acerca a la entrada. Esta es un frente casi totalmente de vidrio. Un portero avanza hacia ellos, y antes de que llamen, les dice apenas abriendo la puerta:
— La señorita Flavia les da esto. Pide por favor se olviden de ella. Esto es lo que me dijo, además del siguiente recado: “No me llamen ni me busquen, cuando lo desee llamaré a todos para desearles éxitos, y no pidan hablar conmigo.” Ahora discúlpenme, debo pedirles, se retiren —dijo el portero cerrando la puerta lo más delicadamente que pudo, para no parecer grosero.
— Creo… Volvimos a ser diecinueve muy pronto. —Dice Juan observando el anillo entregado de Flavia, viéndolo reposado en la palma de su mano, le pega golpesitos y lo empuja con un dedo de la otra mano a ver si se mueve solo y añade: —Lo que me parecía: Un anillo no se va a mover solo…
Han trascurrido dos días de la fiesta en que la mayoría recibieron anillos. Carla y Juan vuelven al coche con el de Flavia. Carla piensa en voz alta:
— Estaba muy contenta; invirtió mucho dinero en la fiesta que organizamos, y ahora dice, el anillo la rechaza. Es decir, lo que adoptamos como identificativo de nuestra participación en el grupo. Tal vez... por temor al rechazo fue que invirtió tanto en la fiesta, tal vez no. Quizás, una vez olvidó donde lo dejó… Quizás, otra vez rodó lejos de ella. Quizás, alguien luego se lo guardó y ella en lo primero que piensa es que el anillo se mueve solo para evitar lo use. Sospecho ocurre esto… Se hace como una autoinducción sicológica por sus temores al rechazo… Voy a llamar a Sonia.
— ¡Ha bueno…! Ok… Sí sí, no creo que se mueva solo… Vení. Nos alejamos un poco para no incomodar estando aquí.
— ¿Pero vos qué pensás?
— Que no sabe qué excusa dar para irse, porque no le interesa más.
Carla se comunica mediante su celular con Sonia, quien se sorprende. Dice no estar enterada de nada y le cuenta, posee un número telefónico privado de Flavia. Se lo había dado cuando organizaron la fiesta, “por si surgía alguna urgencia”. Hablando con Sonia, le dice:
— Bueno... Veamos si nos llama, y si no lo hace te comunicás con ella mediante ese número. Por las dudas, no le decimos nada aún a Carmen.
— Por cierto —dice Sonia apresurada antes que Carla finalice la llamada telefónica—. Algo raro tienen los anillos.
— ¿Por qué decís eso?
— En un momento me pinchó y ahora no es de diamantes en su interior, sino como si representará a animalitos. En la parte interna tiene un diseño que antes no estaba, como de plata. ¿Cómo puede ser que cambie?
— Ni idea. A mí también me pasó algo así.
— En un momento —continúa contando Sonia—, de noche, me pareció como si flotara en algo, claro que podía estar soñando. Pero luego apareció agua en el piso.
— Voy a organizar para que charlemos todos el sábado. Haber si a alguien más le ocurrió lo mismo. Besito, chau.
Carla finalizó la conversación con Sonia, y luego le cuenta a Juan los detalles. Juan le dice:
— La verdad que me lo puse en la fiesta, no me lo quité y si cambió adentro no lo sé, porque en la fiesta ya había tomado de más y podría haber visto cualquier cosa… Pero no, no me pasó nada raro.
En esos días, comenzaron a llamarse todos los del Grupo de los Diecinueve Jóvenes, los veinte. Le habían ocurrido cosas extrañas a muchos de ellos. Carla descartó su teoría sicológica con respecto a Flavia, y ahora dudaba de si los anillos tendrían algún narcótico, o si eran víctimas de alguna broma extraña, muy bien elaborada.
No le fue mejor con esta teoría que con la anterior. Comprobó preguntándoles a otras personas cómo veían el anillo, siendo igual que como ella lo veía. Y en el diseño interior -que algunos eran muy elaborados-, era muy claro qué representaba en algunos casos; y comprobable con otras personas, pues habló con otros del grupo indagando. Llegó a la conclusión era real el diseño, y no era una alucinación lo de algunos cambios de forma. Además ¿Muchos tendrían una misma alucinación colectiva centrada en los anillos? Muy poco probable. Y sobre si era una broma… Quién se tomaría tantos trabajos y para qué, ¿podría alguien cambiar anillos caros sin que se dieran cuenta diecinueve personas? Y nadie sospechaba de un cambio con bases sólidas.
“Son unos anillos misteriosos que provocan efectos raros y se modifican en su parte interna.” Su certeza, le ocasiona la incógnita. Algunos se tentaban de pensar “¿Existe la magia?”; algunos temían pensar: “¿Se los cambian cuando no se dan cuenta?” pero les resultaba muy raro.
Carla se comunicó incluso con Flavia, y le dijo por favor venga al lugar donde se juntarían para charlar. Así juntos decidirían qué hacer. Y para convencerla le dijo: “Te creo, necesitamos hablar todos”.
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Editado: 06.05.2026