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LA PRIMER BATALLA
Al día siguiente, al extenderse la noche; el Grupo de los Diecinueve Jóvenes estaba al tanto de la conversación entre Marcos y sus padres, como así también aproximadamente de a dónde irían como evento especial: sería a aquel lugar misterioso, al cual Marcos recordaba como un castillo. Se suma a los misterios, el collar cambiante de color, y sólo llevó tres días organizarse para el viaje.
Flavia, Estefanía, Ceci, David, Nicolás, Pablo, Miguel y Esperanza, se encargan de que no falte nada para llegar a buen fin; como así también, por las dudas, para tener lo necesario para una estadía de un mes... Flavia, insistió de ocuparse de tal área en cuanto a los gastos. Pidió la ayudaran algunos, para averiguar precios y realizar compras de forma conveniente.
Noemí, Verónica, Rubén y Sabrina, buscaron toda la información que pudieron en Internet, y llamaron a algunos lugares o asistieron, para brindar datos a Flavia de cosas necesarias.
Estaban a los pocos días, Esperanza, David y Pablo de compras en una tienda de artículos deportivos. Al salir cargados con las cosas que compraron a la calle, Esperanza dice como ahogándosele la voz, rompiendo con lo extraño, un día que hasta ese momento era común y corriente:
— Me voy a desmayar.
— Loco… —dice Pablo mirando a David— No sé qué me pasa, estoy con ganas de pegarle a alguien.
— ¡Y yo qué te hice! —Le responde David a Pablo.
— Me siento mal —dice Esperanza—, me duele la cabeza, me falta el aire… —Con cara de sentirse mal. Deja apoyar en el suelo las cosas que trae.
— ¡Kiiiaai…! —Pablo hace un sonido como saliéndole del estomago; entreabriendo la boca, y viéndoselo muy tenso, furioso.
— ¿Kiai? ¡Ayúdala! ¿Te volviste loco? —dice David recogiendo las cosas y ayudando a Esperanza, apenas logrando sostener todo. Se dirige al auto viejo de Pablo, tomando de una mano al brazo de Esperanza, ayudándola. De esta forma, apenas podía caminar, pero lo logra paso a paso.
Pablo de repente tiene una mirada de furia. Esperanza se apoya también en el brazo de Pablo, y así llegan al coche. Pablo deja casi caer todo al piso, mientras le abre la puerta a Esperanza. Llaman la atención de algunos que pasaban por ahí, pues parece se pelearán en cualquier momento.
Esperanza sube al auto, está casi desmayada. De pie David y Pablo, se miran muy de cerca de forma desafiante. A Pablo su acelerado corazón comienza a calmársele, y a David a acelerársele. Están uno en frente del otro como desafiándose con la mirada. En ese preciso momento, Esperanza se recupera un poco, y les grita:
— ¡Se volvieron locos! ¿Qué les pasa? ¡Lo último que falta es que nos peleemos entre nosotros!
Pero casi no la escuchan, da la impresión como si David y Pablo pelearan. No con los puños, sí con sus almas, sus mentes, sus miradas, sus gestos agresivos. Dominan apenas por un fino hilo de razón a sus iras. Los observan unos que por allí caminan. Éstos, comienzan a desmayarse. David y Pablo apresurados suben al auto.
— ¡David basta! —le dice Esperanza.
David hace un gesto como de reaccionar. Pablo, de volverle a brotar la furia en toda su intensidad. Refunfuñando entre dientes, le dice:
— ¡No es a vos David! No sé qué me pasa, siento nos atacan, no puedo evitar mis ganas de combatir.
¡Vámonos! —dice Pablo arrancando rápido el auto.
Comienzan a alejarse muy preocupados, intentando escapar, sin saber de qué, sin saber hacia dónde, y dudando de ellos mismos.
— ¿Los dormí a todos los que nos miraban, no? —se pregunta en voz alta David a sí mismo.
Se alejan apresurados. Pablo y David se contrarrestan mutuamente. David con su paz, y Pablo con su deseo de pelear ante sentir los atacan. No obstante, parece ser se evitó le hagan daño a Esperanza, quien dice:
— Sentía la vida se iba de mí, estoy muy asustada chicos, ¡Sentía que me moría!
— ¡Kiai! —grita Pablo muy fuerte, interrumpiendo y perdiendo un instante el control del auto.
Los vidrios de éste, se transforman en pequeños cuadraditos derramándose al pavimento, rozando por fuera la descolorida chapa del auto, como si el grito los hubiera golpeado. Pablo frena y vuelve a acelerar. David y Esperanza tienen sus manos en los oídos por el sobresalto del grito. Dejando esta postura David le dice a Pablo con voz de enojado:
— ¡Por qué demonios hacés eso!
— Oh no… —dice Esperanza desmayándose.
Realmente están llamando mucho la atención, cosa que no desean hacer ¿Qué explicación darían si no comprenden lo que pasa? ¿Que tienen superpoderes?
— Detené el auto —murmura suavemente David como si su voz fuera provocada por una brisa de aire de aleteo de aves:— Esto es demasiado, acá se calman todos.
— Ya-me-can-sé …De ustedes dos —dice Esperanza incorporándose nuevamente en sí.
Comienza a volverse negro el cielo por nubes formándose muy rápido. A Esperanza se la ve totalmente concentrada.
Pablo continua avanzando unas cuadras hacia donde no llamen la atención. Más relajado, temeroso, y sin saber bien qué hacer, continúan alejándose. Llegan a una calle poco transitada sin que alguien los mire, allí detiene momentáneamente el auto.
Llueve muy fuerte. En ese momento Esperanza enojada se coloca el anillo, a lo cual Pablo y David sienten un breve temor y se miran. Pablo agradece en su interior que esté David ahí...
La lluvia se vuelve muy fuerte, gotas de agua caen como si fueran piedras de agua lanzadas por las nubes. El día prácticamente se vuelve así, al alrededor, en noche. Se observan como algunos remolinos de tormenta. Y la lluvia cae evadiendo al auto donde están... Pablo conduce y encuentra a una calle donde solo están ellos. Se detiene. Seguramente alguien los habrá visto haciendo cosas raras; además los desmayados que dejó David ¿¡Y ahora!?
— No sé qué pasa… Pero somos amigos. —Murmura con un susurro de brisa David. Esperanza se tranquiliza junto a la tormenta.
Pablo aprovecha para alejarse un poco más, encuentra un estacionamiento, entran allí. El de seguridad al verlos les dirige una pregunta.
— ¿Qué les pasó a los…? —antes de poder terminar la frase, cae como dormido.
David baja del auto y lo acomoda, dice “seguramente pensará fue un sueño”. Pablo ya no se siente furioso habiendo dejado de sentir peligro. Confundido como sus dos amigos que lo acompañan, intenta seguir adelante. Con su auto allí llama a una grúa para dirigirse con ella a su casa, la tormenta casi finalizó, apenas llovizna. Esperanza dice:
— Me siento muy cansada por llamar a la tormenta. Algo se fue con ella ¿No dijo El Anciano estamos protegidos hasta atravesar la primera puerta? —Pero antes que alguien pueda decir algún comentario, cierra los ojos de cansada, sumergiéndose, en tierno sueño dentro del auto donde se acomoda cómodamente.
— Ella no tenía el anillo puesto ¿Será que nos pueden atacar si no lo usamos? —pregunta Pablo a David quien le responde:
— ¡Qué se yo!
— Viste que el agua de la lluvia no nos tocaba, ni a este cachivache. —Dice Pablo señalando a su auto.
— Sí… Eso estuvo alucinante… Y asombroso la rapidez de la tormenta, y los remolinos esos... ¿Pero vos…?
— Es que no veía a quién. O quienes. O qué nos atacaba; aunque sentía lo hacían. Kiai, es un grito en algunas artes marciales que se usa para concentrarse en el instante preciso, dirigiendo la fuerza al emitir o bloquear un golpe. No podía evitarlo. Como un reflejo, no sé... Creo defendí de algo. A Esperanza algo le pasaba.
— No sabía —dice David—, y lamento lo de los vidrios. Sí, y yo no era, parecía le estaban quitando la vida, o todas sus fuerzas. Aunque en algunos instantes, sí era yo, pero sólo la dormía, a todo el que peleaba como quitando la fuerza de combate. Tampoco sé qué pasaba. Ni siquiera sé bien lo que hago.
— Claro...
Al poco tiempo llega la grúa de auxilio. Los tres están bien aunque cansados, temerosos, y preocupados. A Pablo se le ocurre decirle al del auxilio, que les rompieron los vidrios un grupo que andaban descontrolados en la calle. Esperanza dormía. Le dieron a entender con un gesto, que había bebido de más...
Fueron a la casa de Pablo donde decidieron quedarse los tres. Esperanza quien sólo se despertaba de a ratos y adormecida, continuó durmiendo. David y Pablo, se hacían más amigos charlando y tomando unas cervezas bien frías, junto a dos ricas pizzas que encargaron.
Llamaron antes a varios del grupo, contándoles y advirtiendo tengan cuidado, como así también que mejor no se saquen el anillo. Por las dudas...
…
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Editado: 06.07.2026