El Grupo De Los Diecinueve Jóvenes La Primer Puerta

Capítulo 8.

8

EL VIAJE AL CASTILLO OCULTO

Llegó el dudoso día del Grupo de los Diecinueve Jóvenes, de emprender el primer viaje juntos al Impenetrable. En busca de un castillo que se sospecha no existe, y sintiendo el peligro de poder perder la vida.
No era exactamente lo que ocurría, la idea que se tuvo en un principio. Buscar hacer algo distinto sí; pero no, ser envueltos por el misterio y grandes riesgos. Muchas preguntas, tal vez para algunas de ellas se encuentren respuestas, así es la vida del humano. Los sentimientos en general son inseguros y contradictorios: Sentirse fuertes y débiles al mismo tiempo; protegidos y desprotegidos; con un rumbo que se siente inseguro y sin nadie a quien consultar certeramente: ¿Qué será del futuro? Más aún, luego de lo inesperado. Algunos se preguntan: “¿Volveremos de este viaje?”.
Unos pocos habían relatado toda su historia a sus amigos o familiares de mayor confianza. De estos, realmente nadie creyó. Se preguntaron los pocos que presenciaron alguna facultad: “¿Cómo podían hacer esto?” A lo cual, se respondían según sus creencias. Incluso aquellos no creyentes en algo, que no se pueda demostrar científicamente. Cada uno en su forma de pensar elabora una teoría, creyéndola verdadera, aunque fuera contradictoria con algunas evidencias.
Así, algunos familiares se preguntaron por ejemplo de si eran ilusiones ópticas, o trucos muy bien elaborados, pese a estar seguros de lo que vieron. Parecería de hecho, que algunos hasta si vieran que del cementerio los huesos se juntan de los muertos, cobrando vida nuevamente los que allí están enterrados, seguirían todos con la duda de si fueron buenos trucos lo visto, o si lo soñaron. Aunque tuvieran a tal persona al lado durante años y le diga que lo que vio fue real, tal vez terminarían pensando, “¡ya sé nunca estuvo muerto! Solo estuvo dos años enterrado, ¡o estaba en otro lado!”, cualquier cosa que se acomode a lo “racional”.
El grupo de amigos no viajarían en sus autos y en motos. Juan y Marcos convencieron a los demás, luego de lo ocurrido, que lo mejor sería si Flavia estaba dispuesta, ir en vehículos 4x4. Lo cual ocurrió así.
Flavia, en un principio los iba a alquilar, pero prefirió adquirirlos, “para tener una cosa menos en que preocuparse”. Los vehículos comprados (camionetas), son de color negro brilloso, con los vidrios entonados de negro. Poseen capacidad para cinco adultos más el equipaje. Tienen aire acondicionado, buen estéreo, y gran resistencia para emprender viajes en terrenos difíciles. Los vehículos fueron probados, controlados, y ahora están listos para emprender el recorrido, parte del evento especial del año... Sí, aún está en las mentes, el pensamiento de un grupo de jóvenes de divertirse, ¿a quién no le gusta divertirse?
Al momento de emprender el viaje, estuvo la siguiente ubicación:
Juan maneja el primer vehículo, al cual los demás debían seguir, estando junto con Marcos, Mónica, Carla y Mateos. A estos cinco se los considera los principales del grupo, pero el líder es Marcos. Inteligente, con iniciativa propia, aunque un poco impulsivo. Posee la capacidad de plantearse dudas para saber si va bien encaminado, y generalmente no tiene miedo. Asimismo siempre busca el consentimiento de todos, sin dejar de avanzar o decidir rápidamente cuando es necesario. Asimismo desde un principio, las situaciones lo fueron acomodando como el líder, sabiendo comportarse como tal, y por eso fue quedando en esta posición. Por cierto, Juan declaró su auto destruido como robado… se estaba pendiente de todos los detalles, que no se pasara por alto algo importante.
Miguel maneja el segundo vehículo, acompañado de Sabrina, David, Verónica y Esperanza.
El tercero es conducido por Flavia, y la acompañan Sonia, Estefanía, Ceci y Noemí.
El cuarto es manejado por Pablo, quien se turnaría con Rubén, acompañados por Nicolás y Cristian.
El punto de reunión es en la avenida General Paz, Panamericana (RN 9) rumbo a Rosario. Luego se sigue por RN 19 hacia Santa Fe, RN 11 hasta Resistencia, y RN 16 con desvío a RP 9 hasta Miraflores. Pasando de una a otra ruta de vez en cuando, antes de adentrarse en pequeños caminos de tierra. Y el día está nublado, a punto de llover.
Comienza el viaje llamando la atención las cuatro camionetas idénticas. En la ciudad miran curiosos al pasar en fila a los vehículos. El grupo charla teniendo en el sentimiento interno en ese instante, un sentir de victoria; el no ser simplemente una persona más entre las multitudes de desconocidos, y poder hacer algo entretenido entre amigos, que además, se siente será positivo. Pero como se notará más adelante, los sentimientos no son constantes...
En la autopista, como si se hubiera planeado, todos guardan silencio al mismo tiempo. Hay una sensación extraña y nueva en los corazones. Los sonidos de la velocidad acaparan la atención junto a algunos pequeños relámpagos entre grises nubes.
Hay miradas alrededor disfrutando la primer sensación de rapidez en el comienzo del recorrido, que se prolongan por las rutas entre los amplios campos argentinos, pero sintiendo también tristeza por lo que se deja atrás: En los hogares hay parte de los corazones. Tal tristeza, de vez en cuando se hace notar en cada uno, en especial con el silencio, y miradas reflexivas con algo de pena. Día tras día acompañará esta sensación de a ratos, pero en el inicio se siente más fuerte, casi haciendo llorar. Pero de a poco se disipa y comienzan las charlas para relajarse...
Mientras, se hará repetitivo el pasar vehículos, y ser pasados por algunos locos, de esos que piensan están corriendo una carrera en vez de viajando.
De vez en cuando uno piensa en silencio, nacen sentimientos pasajeros en uno u otro viajante, incluyendo la sensación de ser dueños del propio destino, habiéndose atrevido a hacer algo distinto, pero también la duda: la incertidumbre de si será bueno o no. Y sumado a un disfrute de la aventura... Sí, uno piensa mucho… A veces de más...
En algunos trayectos de ruta, al pasar el tiempo, sólo se observa la pequeña caravana del grupo, o con algunos distanciados vehículos a lo lejos. La mayoría del trayecto rodeados de campo y postes de luz a los costados. Con esta escena repitiéndose por considerable tiempo, en medio de chaparrones, y algún que otro pueblo o estación de servicio, se avanza el recorrido.
Pasada la ciudad, fuera de temporada turística se ven pocos autos.
Recuerdo al viajar de niño por la ruta, de vacaciones, que puede ser tan grande el aburrimiento, que uno hasta se pone en algunos momentos a contar los postes de luz que van pasando. De forma tal que marca un ritmo en el conteo de cada poste, en su pasar por una punta de la ventana a la otra, e intentaba llegar a un número específico sin perderme, o hasta que duraba la seguridad de no haberme confundido. La mente está hecha para pensar, y busca resolver cosas...
El aburrimiento por un viaje monótono se hace presente, y a las horas los amigos comienzan a hacerse… digamos… chistes.
— Che Juan —dice Marcos— ¿Qué broma les podemos hacer a estos?
— ¡Ninguna! Debemos ser precavidos. Conductores responsables. ¡Hay que tener cuidado!
— Sí seguro… Pero no creés que podemos… No sé, alienarles el estéreo, bajarles y subirles una ventanita…
— ¡No! —dice Juan—. A ver si por distraernos se provoca algún accidente.
Pero al poco comienzan las “bromas”. Juan les cambia la música del estéreo a las chicas… Esperanza hace que llueva sólo sobre el auto donde está Juan. No es que lo perseguía una nube, sino que nublado llovía dónde él estaba, como si el deseo de Esperanza, en relación al clima fuera una orden imposible de resistir por el mundo, en su exactitud máxima. Nicolás, quien podía influenciar descargas eléctricas, llama por radio a los que están en otro vehículo, sólo para escuchar cómo se sobresaltan y enojan; esto por algún relámpago que hace subir con un gran estruendo, de la tierra a las nubes. Había momentos de muchas risas...
Y así... siguiendo el rumbo trazado en el mapa, deteniéndose de vez en cuando en algunas estaciones de servicio, de a ratos se escucha heavy metal proveniente del vehículo donde está Juan, que no duraba mucho, porque a Mónica no le gusta tanto.
Y las “bromas” cesan. Hay una parada para comer, y un seguir y seguir el viaje hasta en el cansancio. Luego de más de diez horas de haber emprendido el recorrido, sin ningún apuro:
— ¿Cristian nos avisás si ves algún lindo lugar para acampar? —le dice Marcos por radio a Cristian.
— Sí, claro —recibe por respuesta.
Y cuando ya todos están con las contracturas de viajar, más un gran aburrimiento, queriendo descansar e ir una vez más al baño; Cristian al fin dice:
En frente de la mansa laguna,
a mitad del camino,
a la derecha de la ruta.
Quedará en el recuerdo,
el tiempo de pensar
juntos en el destino.
— Mirá —le avisa Pablo por radio a Juan—, dice Cristian… un poco adelante, a la derecha… Estate atento, hay una laguna.
— Disculpá —pregunta Nicolás a Cristian—, pero ¿Por qué lo decís en forma de poema?
— Es un poco difícil de explicar —dice Cristian—. Pero, es como si por un instante me hiciera parte del mundo que me rodea. Me distancio un poco del tiempo, lo observado me cautiva y siento una idea que trato de expresar con belleza. Es entonces, cuando hablo, que lo hago así. Como un poema, en ritmo de versos. Verso a verso avanzo en algo que veo, o siento, o hacia una idea que se muestra o desvanece. Además mi cabeza está acostumbrada a la poesía, qué sé yo...
— ¿Y cuándo nos atacaron te pareció un bello poema? —dice Nicolás riendo como si hubiera dicho un chiste.
— De cierta forma también tenía su belleza, sí. Hay cosas que resaltan en los combates, en las luchas, en los problemas; como luces que si no están esas oscuridades no se encienden. Obvio que las guerras, discusiones, y peleas son horribles; pero hay cosas que no son feas, como la fortaleza de los justos. Y hay cosas que tienen atractivo... Por ejemplo, el enfrentar un gran peligro juntos. Además los poetas a veces le encuentran bellezas hasta a las peores lágrimas... y es mejor eso que horrorizarse o deprimirse.
— Disculpa, me interesa ¿Y cómo sabés que nos pondremos a pensar y no a jugar a la pelota? —dice Nicolás.
— Sé que nos pondremos a pensar —afirma Cristian—, y no dije que no jugaremos a la pelota. Sospecho, a la noche, cuando todo este calmo y nos sentemos frente a una fogata, en medio del silencio y ruiditos que sobresaltan, estando en la paz de la noche; y por romper el silencio sin prestar atención a esos ruiditos que nos sobresalten, en fin… nos pondremos a meditar en la vida. En nuestra vida, y en el viaje. Contándonos cosas entre amigos, intentando encontrar respuestas o disfrutando recuerdos. Uso la lógica, y miro profundamente las cosas. Además sabés, logro ver más allá de las personas comunes.
Mientras tanto, Juan observa una entrada a un lugar acorde para acampar (como había dicho Cristian), sin nadie y totalmente abierto el paso. Hace señas con las luces a los de atrás, verifica los haya visto, y desacelera lentamente. La caravana se adentra unos doscientos metros, alejándose de la ruta. Al llegar y estacionar, todos se estiran y caminan un poco. Juan, al poco tiempo, cruzado de brazos y con una sonrisa de disfrutar lo que hace, comienza a armar cuatro carpas al mismo tiempo, más dos baños químicos portátiles.
Esperanza mira al cielo, David ya lo hacía; comienzan las nubes a alejarse, formando un claro. El lugar es en un trayecto de ruta poco transitado; un poco olvidado y descuidado, casi no se escucha pasar ningún vehículo.
Al rato comienza un partido de vóley muy divertido, ideal para despejarse. Aunque esto no sería lo más relevante, sino las enlazadas palabras pronunciadas, pensando en qué se hará; pero la diversión sana ayuda mucho, como un descanso del alma. Las risas siguen acompañando a lo largo de la noche, incluso al hablar temas serios. Cada uno siente a su manera, la mayoría posee una mezcla de tristezas y alegrías.
— Che… ¿Qué onda? —dice Marcos.
— Y… Podríamos hacer tantas cosas que me siento un poco libre —responde en un instante de inspiración Nicolás.
Éste se detiene con la pelota de vóley mirándola como si ella aún fuera la respuesta, pese a la hora de juego ya pasada. Guarda silencio intentando entender lo que dijo.
— Creo, somos todos un poco poetas y filósofos —dice Mateos, hace una pausa y añade:— Y, opino todos somos un poco libres y a su vez presos del entorno y decisiones tomadas. Pero haber tomado una decisión ya es haber usado la libertad. Somos responsables de nuestro destino.
— ¿Nos vamos a poner a filosofar? ¿O a comer unos ricos sándwiches de miga? —dice acercándose Verónica, quien ya había ido por los sándwiches.
Al alejarse los últimos tonos de fuego, reflejados en el cielo y la laguna; al iniciar la noche con sus silencios y sonidos. Los amigos con los ánimos serenos, quedan frente a la fogata que prepararon, la cual invita a usar algo de tiempo para charlar y reflexionar. Son parte de una escena bella, que hasta el que menos sentimientos tenga, reconocería tal belleza. Se observa al grupo de amigos en círculo, con la fogata en medio. Chispas se elevan al cielo, como diminutas lucecitas danzantes; se refleja la luz del fuego en todas las cosas que los rodean, y hace ondular las sombras al limitarlas. A sus espaldas un camino; en medio, un fuego con su calor. Por sobre el grupo, pareciera las estrellas los miran, y se escucha los sonidos del campo junto al del agua de la laguna. Algunos ruiditos sobresaltan de vez en cuando, y el sonido del viento marca un suave ritmo que acompaña.
En medio del recorrido, es un momento muy propicio para detenerse a pensar. Aunque se busquen excusas para no hacerlo. En un rato, quedando solos con los pensamientos, una pregunta surge:
— ¿Qué haremos de nuestras vidas? —dice Carla.
— ¿Por qué no hacemos música? —Expresa lo que venía pensando Mateos.
— ¿Que hagamos una banda de rock, o que seamos como los distintos instrumentos musicales, que aunque diferentes, forman unidos una melodía? —dice Cristian que enseguida había comprendido la idea.
(Se produce una especie de juego, continuando el tema. No sin que falten también algunas risas por comentarios de fondo y gestos graciosos.)
— A todos no nos gusta el rock —dice Sabrina sonriendo—, obviamente somos inteligentes; amigos, con puntos en común, la respuesta es obvia —hace una pausa y añade:— Aunque, claro, música puede ser muchas cosas ¿Buena o mala música haremos?
— ¡De la buena! ¡Obvio! Con la estética de la belleza —afirma Cristian.
— Pero… ¿Qué considera bello cada uno de nosotros? —dice Carla riendo.
— Si fuéramos distintos instrumentos musicales —dice Mateos—, en una misma interpretación; la belleza sería no desafinar.
— Pero no sería justo que todos tuviéramos que hacer lo mismo, si alguien no lo quiere —dice Sabrina, la estudiante de abogacía.
— Imaginen... la música armoniosa de la vida en sí —dice Mateos—. Donde la desafinación sería lo inmoral, lo egoísta. Lo éticamente incorrecto, lo corrupto, el odio, el mal.
— Una guitarra que en vez de ser usada para hacer música se la usa para tirársela a alguien por la cabeza —dice Pablo, quien en ese momento se arrepentía de no haber traído su guitarra, aunque tenía miedo de que se le rompiera. Continúa diciendo—. En una melodía, cuando te equivocás una nota, bien mal, es obvio que está mal. A nadie cuerdo le gusta como suena un error.
— Claro, y el fuego que en vez de calentar o iluminar, es usado para dañar —dice Marcos—. Hay que evitar cosas así. Pero les recomiendo el Heavy Metal del bueno ¿No Juan? ¿Qué opinás?—dice sonriendo y levantando un puño en alto durante unos segundos haciendo la señal del metal, a lo cual algunos ríen, y también algunos repitieron el gesto, como Juan que responde levantando también un puño en alto mientras dice “¡see!”, y mueve la cabeza, hasta que interrumpe Sonia.
— Las personas que dañan o hasta extinguen alguna especie —dice con voz potente y seriamente Sonia—, me enfada mucho eso. Dañan el ecosistema, e incluso se dañan a ellas mismas. Está mal, hay que combatir esto, incluso lo podríamos hacer. ¡Y no a todos le gusta el heavy metal che!
— El viento que se vuelve tornado dañando todo a su paso —dice Flavia—, sería para mí el no hacer armonía. —Añade en broma:— Más les vale no hacerme enojar ehh.
— Sí —dice Mateos—, nadie te hará enojar Flavia, y cada caso que en su desarmonía provoca daño, es algo feo; carente de belleza. Lo definiríamos como algo malo, que desafina en la música. Y nosotros podemos hacer muchas cosas, nos ha tocado, parece ser, ser un poco libres como dijo Nicolás antes.
— El tema —dice Juan sonriendo, e insistiendo con el símbolo metalero mirando a Sonia—, además de escuchar buena música, como ser el metal. En fin... El tema es ¿Qué haremos de nuestras vidas? Es obvio, buscaremos hacer el bien y no el mal… ¿¡No!? Somos todos inteligentes... Emm... supongo. Además no queremos problemas.
— ¡Obvio! Hacer el bien es armonía —afirma Sabrina—, belleza, justicia…y son todas cosas lindas que queremos, nada malo.
— …Y si podemos hacer un bien y no lo hacemos —añade David—, también eso es algo malo. Además creo que está Dios, y juzgará.
— Totalmente de acuerdo —opina Flavia muy seria—. Y además, no llegamos hasta acá, para volver a atrás.
— ¿Por qué no? —dice Mateos—. Peor sería volver hacia atrás, estando más adelante. Ahorraríamos tiempo ahora.
— Supongamos —interrumpe Marcos—, hay una puerta misteriosa que nos podría llevar a mundos lejanos ¿La atravesamos? ¿Hasta dónde nos vamos a arriesgar? Porque si preparamos todo y llegamos hasta acá, es obvio que la idea no es retroceder como cobardes a mitad de camino.
— Obvio… yo te sigo a donde sea —dice Mónica con fuerte voz. Se escuchan unos cuantos chistes de fondo, un resaltado “¡te quieerooo!” por parte de Marcos. Y David, interrumpe poniéndose en pie ansioso por decir:
— Nos dirigimos hacia donde está aquello que amamos. Incluyendo nuestros sueños y anhelos. Y hay cervezas que si no las tomamos van a perder el frío.
— Perfecto, no hay que dejar que se entibien —responde seriamente Marcos, también poniéndose de pie—, pero escuchen... Pero si ocurre nos encontramos con una puerta que al atravesarla nos llevaría a mundos distantes ¿Qué hacemos? ¿Recuerdan la historia que contó El Anciano? Y ya vuelvo que voy por las cervezas. Juan…
…Al regreso cargando con un recipiente térmico lleno de latas de cerveza junto a Juan, siendo ovacionado...
— Muchas veces debemos decidir cosas importantes —opina Pablo elevando su voz, mientras reparten las cervezas, añade con ironía:— ¡Yo quiero una morocha! —Risas, comentarios, y con su cerveza negra, continúa diciendo mirándola:— ...Cada vez que decidimos sobre una mudanza, un trabajo importante, un estudio, una fe, un estilo de vida, juntarse… y demás cosas que pueden afectar la vida, pues lo hacemos.
(Alguien grita cambiando la voz: “¡No vale juntarse con varias al mismo tiempo, ratón!”, y todos ríen.)
— Sí, pero no te vas a otro planeta —dice Marcos volviendo a un tema que le preocupaba, y presiente enfrentarán—. O adonde sea que supuestamente lleven esas puertas o portales.
(Todos se siguen aferrando al disfrute de la cerveza, mucha variedad y toda bien fría. Juan comenta seriamente.)
— Sin estar seguros qué habrá o si hay regreso ¿verdad? o si se muere en el camino ¿¡Qué pregunta!? Guiados por historias contadas por un desconocido... Y no una, sino diecinueve personas que tienen familia… No me suena coherente amigos.
— Bueno… tu viejo llegó hasta allí, y no se animó a pasar verdad — dice Nicolás mirando a Marcos. Añade:— ¿Y qué vio?
— Resumiendo: Un castillo donde no existe, que no sabe bien cómo es que llegamos ahí —dice Marcos—. Y según me contó: una puerta como de luz, que nunca recuerdo haberla visto o atravesado. Supongo, allí dentro hay una o varias puertas de las que habló El Anciano. Además, al llegar al lugar les pasaron cosas raras. Ya les conté lo que sé.
— ¿A tu papá nunca le pasó nada extraño, no? Digo como a nosotros… —Pregunta Ceci.
— Así como a nosotros, no que yo sepa… No tienen que yo sepa habilidades fuera de lo común, más allá de la de aguantarme a mí. Pero… El collar cambiante de color, lo usaba mi mamá, y nunca la vi hacer nada raro, a veces hablaba de sueños raros. ¿Y vos Mateos, Juan, no están seguros de seguir adelante?
— Sí... estoy seguro –dice Mateos–. Sólo que me gustaría que todos lo estuviéramos, no me gustaría para nada estar solo.
Se escuchan varios consentimientos. Aunque ni uno de los de allí, pensaba distinto en esto; y en realidad Juan pese al riesgo, tampoco quería oponerse ante la posibilidad de lo asombroso y maravilloso que parecía todo. Y tampoco quería dejar de decir lo que dijo.
— Si tienen la posibilidad de ser algo así como superhéroes ¿Lo serían? —interrumpe Flavia con algo que pensaba desde que vio lo que podía hacer, añade: —Y recién voy por la segunda lata eh, aunque me pasan un jugo de frutas porfa, gracias —dice mirando a alguien que fue a buscar los jugos, añade— ¿qué opinan?
— Lo difícil es la complicación de intentar ser algo sobresaliente —Divaga con sentido Pablo—. Encontrar tu rumbo, continuar pese a las complicaciones. Supongo, si procedemos bien, siendo gentes de bien, nos irá bien… Al menos es más factible así sea de… digamos… que siendo malos. Sin necesidad de ser un superhéroe… Aunque en el pasado le decían a esto buscar la gloria… —al decir “la gloria” todos se quedan mirando fijo, algunos a Pablo, algunos al fuego con la mirada perdida, algunos se estremecen, algunos intentan evadirse con la cerveza...
— Ustedes los hombres... siempre tan humildes —dice Sonia con ironía.
— ¿Y a quién no le gustaría ser un exitoso y reconocido profesional? ¿No podría decirse a eso su gloria? —opina Marcos que lo de “buscar la gloria” le encantó.
— Lo de reconocido creo que no es del todo necesario… —dice David— No hace falta agrandarse. Es más, el no agrandarse es un signo de grandeza, siendo digno.
— Yo atravesaría esa puerta —dice Esperanza.
— ¿Y si tendríamos que pasar por peligros para poder llegar?—pregunta Sabrina, quizás la más temerosa del grupo— ¿O si es un castillo y desaparecemos juntos con tal? Qué se yo, como en las películas raras...
— ¿Y qué gloria podría venir sin una buena pelea he? —dice Miguel, ríe para disimular, algunos ovacionan, y continúa:— ¡Doy mi vida por ti Sabrina!
— ¡Esa…! — Se escuchó a más de uno decir en medio de risas.
— Gracias lindo… Pero… No sé… ¿No es arriesgarse innecesariamente?
— Eso lo decís por vos, porque no peligró tu vida —le responde Esperanza—. Las decisiones dependen de las situaciones. Ya nos han atacado, ya estamos afectados. Juan hoy estaba armando carpas con su mente, yo manejo la tormenta, David puede hacer desmayar, quién sabe hasta a cuántos con solo pensarlo, y así muchos de nosotros ¡Ya no hay vuelta atrás!
— Sí… Tal vez. Espero algo nos de una pista, al menos de saber si lo que nos dijo El Anciano es verdad. —Dice Sabrina, añade:— Podríamos acampar en frente de ese “castillo”. Si existe, dejar algo dentro y ver si desaparece… comprobar luego si vuelve… Vemos si está. Castillo, puerta, lo que sea.
— Buena idea. Que sea una planta y un animalito —dice Carla.
— ¿Y nos dejamos conocer o no? —pregunta Verónica—: Ya saben: Eso de hacer rayos, crear fuego, tormentas, manejar cosas; hacer caer en profundo sueño, y demás manifestaciones extrañas. Llaman un poquito la atención.
— Sospecho, seremos leyendas… —Dice Rubén ahogándosele la voz, quedando mirando pensativo a un punto distante.
(Se escucha un “¡uhh!” de alguien.)
— No entiendo —interrumpe Juan queriendo en realidad decir lo contrario a lo que plantea—. ¿Por qué preocuparse por estas cosas? Cada uno haga lo que mejor le parezca, ¿no?
— Si hablamos, no callamos; si no nos ocultamos nos dejamos ver… —dice Carla. Añade:— ¿A medias? Unos sí y otros no… No sé… ¿Cada uno por su lado? No queremos eso, queremos estar juntos ayudándonos.
— Sí claro —dice Juan sonriendo, tomando otro trago de su tercera cerveza—.
— Es que yo ya les mostré a algunos lo qué podía hacer —Dice Verónica—. Mi agilidad… Mi nueva destreza es ser apenas percibida, como si fuera un fantasma moviéndose rápido. Me concentro tanto que veo a los otros lentos, y puedo moverme antes, casi sin ser percibida. No se los mostré aún, miren…
Verónica se levanta, y moviéndose muy ágil y rápidamente entre los del grupo, le saca la lata de cerveza a Juan. Juan llega a verla pero no logra con todos sus esfuerzos y reflejos ampliados retener su lata, y eso que la intentó mover incluso con su mente, pero no llegó a tiempo.
Y así el grupo tomó mucho, habló y rió a más no poder. Las palabras van forjando o fortaleciendo actitudes en el pensamiento. Cada palabra pronunciada era escuchada y evaluada con mucha atención, y sin enojos. Tanto las frases tontas, como las sabias y envueltas en reflexiones, y las sentimentales y afectuosas.
Por primera vez allí se comenzó a hablar de algo que no quedaba aún del todo claro: “Gloria”, “ser héroes”, “volverse leyendas”, “ser armonía”… Palabras que al mencionárselas, causan una extraña sensación, más aún teniendo la posibilidad de concretarlas. Podría decirse provocan sed de ellas mismas cuando se las puede tener. Incluso algunos llegaron a dirigirse miradas de desconfianza en algunos momentos, principalmente por temor a que algún corazón diera lugar a sentimientos morbosos, ocasionando problemas, miradas como expresando: “¿este se comportará bien o traerá problemas?”.
La mayoría durmieron mucho, reflexionaron algunos acostados antes de dormir, y la mayoría se dijo, “mejor pienso en otro momento porque ya estoy cansado”. Y al amanecer, entre una vida de aventuras rodeadas de maravillas y misterios –o váyase a saber qué–; a una, trabajosa llena de las cosas cotidianas; más la motivación de la carencia de seguridad frente a los ataques recibidos… y la ayuda de tazas de café. La decisión fue de todos por igual: Seguir adelante prefiriendo la aventura.
Continuando el viaje, las rutas en su mayoría de asfalto, se volvieron en su totalidad de tierra. Éstas, al final del trayecto comienzan a ser apenas caminos.
El grupo se desvía un poco del rumbo, para entregarles una pequeña ayuda a un centro de asistencia comunitario, especialmente para habitantes originarios necesitados.
Continúan los últimos cientos de kilómetros, que llevarían horas, entre caminos muy poco cuidados y embarrados, rodeados de árboles, cactus, abundante vegetación y fauna.
El grupo llega sin complicaciones, a estar dentro del gran círculo marcado en el mapa, allí se acampó adentrándose levemente entre la vegetación del Impenetrable, para continuar cuando amaneciera.




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