El Grupo De Los Diecinueve Jóvenes La Primer Puerta

Capítulo 10

10

LA PRIMERA PUERTA
-El Grupo de los Diecinueve Jóvenes y la Primera Puerta, por Javier R. Cinacchi, en mi blog más libros gratis-

Transcurrió una semana de haber atravesado Marcos y David la primer puerta. No habiendo vuelto de allí, y sin decidir qué hacer el resto del grupo, más que esperar. Se acampó cerca del lugar, y se organizó una guardia continua en la entrada, antes del principio de la larga escalera que desciende al lugar de la puerta.
La comida no falta por ahora gracias a la exageración traída, había aproximadamente para un mes ajustándose un poco en el consumo. El agua, Mateos la condensa para utilizarla o Esperanza hace llover, entre ambos la recogen.
Mateos descubrió que además de manejar neblina hasta de muy densa densidad, puede hacer lo siguiente: Mover el agua o extraerla de las cosas, esto último le pareció un poco aterrador. Lo descubre a los pocos días de haber llegado allí. Intentando ver qué podía hacer, deja en segundos seca una planta; esto ocasiona un breve disgusto en Carla, que si bien no estaba viendo, al momento en que Mateos hizo esto, gritó desde lejos:
— ¡Mateos no le hagas eso a las plantas!
— Disculpá —respondió Mateos a Carla y se fue a pensar, murmurando mientras se alejaba:— Esto me da miedo.
Vuelve luego de unas horas, como si nada hubiera pasado. Al preguntarle Sabrina si estaba bien, responde a los que se encontraban allí:
— Indudablemente todos podemos hacer graves males si usamos mal nuestras habilidades. Es obvio de que hay que ser cuidadosos.
Ajeno a esto, las preguntas eran diversas: “¿Qué vamos a hacer?”, era la más repetida hasta el hartazgo, y solía estar acompañada de comentarios tales como: “Por algo esa puerta, o lo que sea, está escondida”; “¿Y si en vez de una puerta hacia algún lugar, es algo que destruye todo lo que toca y por eso está ahí?”; “¿Por qué no le hicimos caso a los cuadros, y no nos arriesgamos?”; “¿Nos llevamos algo de los tesoros si regresamos?”; “El que nos habló y contó una historia ¿dijo la verdad?” “¿Qué será lo que realmente quieren?”. Hablando entre quejas y lamentos, intentando no escuche Mónica; quien igualmente se lamenta, aunque de forma más emotiva por Marcos:
— No lo entienden porque ustedes no lo vivieron —dijo Mónica—. Amo a Marcos, es parte de mi vida ¡Y no se qué le pasa! Me desespera, angustia, y llena de pánico no saber que estamos bien. Me siento como en un abismo. ¡Es lo más importante que tengo en la vida!
Asimismo, todos se hacen preguntas dramáticas y nadie quiere plantear primero a una específica, por vergüenza y temor a que piensen mal: “¿Hasta cuándo se esperará?” Y luego, “¿Y si no regresan nunca?” seguidas de otras tantas. ¡Ay! Muchas preguntas cargadas de sentimientos y pocas claridades.
A Cristian se lo solía ver con su mirada hacia la lejanía, o contemplando algo cercano sin encontrar respuestas, sabiendo que el tiempo disponible se acorta. Todos intentan saber qué hacer, y todos salvo Mónica en esos días, están sin quererse quedar a vivir allí, en medio de una selva.
Mateos, realizaba profundas reflexiones, y evaluaba alternativas. Se alejaba solitario para meditar en silencio, y a veces comentaba ideas y buscaba opiniones.
Pero cada uno es distinto.
A Pablo se lo solía ver entrenando mucho; lanzando golpes contra la nada, a veces peleando enfadado sin nadie en frente, y sumando ejercicios, en algunas oportunidades hasta el agotamiento.
Al seguir transcurriendo los días sin novedad, finalmente se estuvo de acuerdo, si se iba a demorar la tardanza más de dos meses, en lo siguiente:
1. Dejar a un pequeño grupo y relevarlo durante meses, los cuales no permitirían que extraños se acerquen, si no están con algún conocido. Se los asustaría, no sea que destruyan la puerta.
2. Contar todo lo ocurrido demostrando sus habilidades, a los allegados de David y Marcos.
3. Dejar las piedras corridas para que puedan salir. Aunque Carla volvería a ocultar un poco con vegetación. Y se dejaría una camioneta con algunas cosas.
Pero no se tomaba ninguna iniciativa, además se daba por sabido de que suministros, pese al trabajo extra, se podían ir a comprar en alguna camioneta. Carla es la primera en mencionar la pregunta temida de ¿hasta cuándo se esperaría?. Lo hace de un modo correcto:
— Estoy muy triste por lo ocurrido, pero debemos hacer algo. Pasaron ya dos semanas que estamos aquí, y si no volvemos en dos semanas más, nos comenzarán a buscar preocupados. De hecho, seguro que ya están asustados nuestros familiares. No los hemos llamado aún… Debemos tener en claro ¿hasta cuándo esperaremos? O qué vamos a hacer antes de seguir preocupando a todos.
— Yo no voy a abandonar a Marcos y David —dice Mónica—. ¿No se supone que tengo que protegerlos?
— Todos nos protegemos mutuamente —responde Noemí—, pero hay cosas que nos superan… Todo esto es muy raro.
— Bueno… —dice Juan— decidamos quién se queda y quién se va. Las cosas no siempre salen bien…
(Todos lo miran, sin responder nada, algunos comienzan a alejarse.)
— Es difícil decidir eso Juan —dice Mónica enfadada—. Pero no para mí ¡yo obviamente me quedo! ¡Si serás bruto!
— Disculpá Juan —le dice Carla, mientras Mónica se aleja enojada—, simplemente es que cada uno necesita su tiempo. A veces una pequeña diferencia de tiempo, hace que se cambie de opinión, o no se rechace tan enérgicamente algo. Además de que hay que decir eso de forma no tan directa, ¿viste?
— Sí... me doy cuenta...
Se siguen esperando días, Juan con un poco de incomodidad al principio por plantear ya el separarse en grupos dejando notar que quería irse. Pero a él, le gusta dar iniciativas y estar en actividad, más que querer separarse o no esperar a Marcos y David. Igualmente pensaba pero no comentó en ese momento: “¿Hace falta que estemos todos esperando?”
No queriendo abandonar a los amigos, teniendo la esperanza de que volverían por el mismo lugar de por donde se fueron, se decide quedarse hasta prácticamente se acabara el alimento, dejando suministros mínimos a los que se quedan. Hay un lamento de lo tan mal que va, en especial al pensar en lo preocupados que deben estar todos los familiares y amigos queridos, luego de extenderse la tardanza en volver.
Pero a fines de la tercera semana, se comienza a dejarse un poco atrás la fatalidad en algunos momentos, y tan sólo se espera. A los pocos días siguientes comienza a haber de vez en cuando bromas, no sin sentir pena al pensar en Marcos y David, incluso Mónica se siente un poco mejor.
El Grupo de los Diecinueve Jóvenes, poseen equipos de radio, todo muy bien equipado pero lo único que se conoce es llamarse entre sí, sin saber nada de repetidoras, o demás. Transcurrió unos días y casi iba a ser un mes, cuando a Sonia dice:
— Se me ocurre, es momento… Aunque todos tenemos preocupaciones para no estar aquí, y a su vez deseamos estar para no abandonar. Sólo se marche una camioneta, con tres o cuatro de nosotros, hasta el pueblo más cercano donde podríamos comunicarnos para decir, momentáneamente… Que decidimos quedarnos aquí un mes más. Acampamos cerca de un lugar singular. Donde encontramos algunas cosas antiguas de valor, y necesitamos tiempo. Algo así.
Esta forma de expresar, pareció bien; para alargar la espera un poco más, y así no tener que enfrentar el pesar de sentir y decir que Marcos y David desaparecieron al atravesar algo semejante a una puerta de luz, causando una gran tristeza a los padres de ellos y para peor ¿persecuciones por parte de los que entregaron los anillos? Aunque a muchos no les agradó mentir, así se haría por el momento. Cuando la mentira es un instrumento éticamente útil, a veces es una herramienta necesaria.
Se alejan del campamento Cristian, Carla, Rubén, Noemí y Flavia. Aunque en realidad a esta altura, todos poseen muchos deseos de comunicarse con sus hogares e incluso algunos de marcharse. Si no fuera porque dos están “perdidos”; por no estar acostumbrados a la carencia de aquello con lo cual sí se está acostumbrado, estarían de nuevo cada uno en sus cotidianidades haciendo lo de siempre, incluyendo el desear de vez en cuando hacer algo distinto... y con la queja de no poder hacerlo, cuando uno quiere hacerlo. Algunos incluso maldecían el día en que quisieron formar un grupo para hacer algo distinto a lo común.
Pero algunos héroes lo son porque no tuvieron más alternativas que serlo; una vez en movimiento no se puede volver atrás. Muy pocos deciden serlo, cada día, pese a los dolores y luchas.
El pequeño grupo emprende el lento viaje, para comunicarse y comprar lo necesario para continuar acampando. En la ida hay la complicación de perderse como cuatro horas intentando encontrar los vehículos, pese a que Cristian y Carla guían. Parecería algo trivial, pero el pensar haberse perdido en una selva es desesperante.
Ya en un encontrado pueblito, luego de llamar a cada hogar con los números telefónicos que se anotaron, se realizan las compras.
Emprendiendo el regreso al campamento con suministros en el equipaje y en las barras de la camioneta, incluyendo todo lo útil y disponible que se consiguió y se podía cargar. De hecho, casi se compra toda una despensa, sin dejar de lado un exquisito vino tinto dulce, artesanal –todas las botellas disponibles–:
— Cambiando un poco de tema —dice Rubén, interrumpiendo una charla en la camioneta sobre qué harían si para peor alguien se enferma— ¿Por qué algunos no podremos hacer cosas extrañas?
— Supongo, es cuestión de tiempo… —dice Carla.
— A mí me gustaría volar —dice en chiste Noemí, aunque era lo deseado por ella.
— Sería lindo, pero no sé si te sería de gran utilidad para atacar, solo contar con eso —dice Carla.
— ¿Qué loco no? Tener un poder para atacar —dice Rubén.
— Bueno no necesariamente uno tiene que poder dañar directamente, para efectuar un ataque —dice Cristian— cuando uno es parte de un grupo, haga lo que haga puede colaborar, que yo sepa, yo solo no puedo atacar a nadie, y no me molesta que sea así.
— Sí, tenés razón —dice Noemí—. Aparte … ¿Pero qué ...
Estando hablando, se comienza a oscurecer todo alrededor, no como si se hiciera de noche; como si alguien gradualmente descendiera la fuerza de la luminosidad, comenzando a envolver lo que se observa, en la carencia total de luz.
— ¿Alguien está haciendo esto? —Pregunta Rubén, quien conduce y bajaba al mismo tiempo la velocidad para frenar la camioneta.
Habla Cristian apagándosele a medida que lo hace su voz:
Alguien, adelante en nuestro camino;
nos envuelve en extraño manto.
Su palpitar del corazón retumba,
en su pecho ¿habrá amor?
— ¡Qué! —dice Rubén que ya había deteniendo la camioneta alejándola metros del camino “al tacto”.
— Qué hay alguien pero no sabe si es bueno o malo —aclara Noemí. Añade:— Y me parece, estamos entrando en algo no real pero al mismo tiempo algo real…
— ¡Qué carajos, ¿Por qué no hablan claro?! —se quejó Rubén.
En ese momento al mirarlos, se los observa como a estatuas. Ellos comienzan, influenciados, tan sólo a vivir una especie de sueño consciente, una ilusión en las mentes, provocada por este extraño que puede conectar en misma ilusión a varios, haciéndoles vivir una irrealidad algo real.
— ¡Esto no es real! —Grita Noemí. Y al hacerlo, su cuerpo respiran fuerte y parpadean, apenas pudiendo moverse un poco.
Sintiéndose raros, un extraño vestido de negro comienza a acercarse. De apariencia de unos 35 años, delgado pero corpulento, con barba de unos días, viste sencillo. No se observa nada, sólo se ven a sí mismos y al extraño flotando en un ambiente negro. Noemí es la única que puede moverse bien.
— ¡Qué estás haciendo! ¿Quién sos? ¡Déjanos en paz! —le dice Noemí al extraño vestido de negro.
— ¡Ja! Así que… ¡Ja, ja! Puede hacer lo mismo que yo —Dice el extraño riendo raro, añade:— Hice bien en concentrarme mucho, porque no tenía idea de lo que pueden hacer algunos de ustedes; como usted, señorita.
Sus amigos apenas mueven la cabeza para mirar de un lado a otro (en la visión). Carla consigue hablar:
— ¿Qué nos pasa?
Repentinamente aparecen al lado del extraño cuatro seres gordos, con piernas largas y huesudas el doble de lo normal, brazos más largos aún, con tijeras brillosas enormes; sus cabezas son pequeñas, sus ojos como de gato, aunque más grandes. Comienzan a acercarse.
— Pasa... Lo que ven.
— No pasarán esas cosas que hacés —dice Noemí casi gritando—, ¡andate y dejanos en paz!
Al hacerlo comienza a levantarse un muro de ladrillos alrededor de ellos, y por debajo.
— ¡Ja! ¿Quiere pelear? ¡Ja! ¡Ja! No se lo recomiendo bonita.
Noemí, observa la cara de aterrorizados de sus compañeros prácticamente inmóviles. Comienza a escucharse golpes contra el muro, muy fuertes, ensordecedores. Ella puede moverse libremente.
— ¿No sabe, puedo matarlos? Puedo…
— ¡NO PUEDE HACER NADA! ¡NADA! —le grita Noemí.
Los monstruos con tijeras, comienzan a escalar la pared unos, otros a golpearla; sumando al sonido de sus golpes, grandes bolas de nieve que les tira el extraño impactando en el muro, o son estalladas por Noemí antes de llegar a ellos. Los que escalan no pueden llegar a los jóvenes porque Noemí los hace caer.
— ¡Ja! ¿En cuántas cosas podrá tener la mente al mismo tiempo? —grita de lejos el extraño.
Comienza a escucharse sonido de algo que desciende fuerte, un sonido algo agudo. Noemí mira hacia arriba, son bombas. Una bomba cae, las otras comienzan a estallar a lo lejos afectadas por ella. Se la ve temblar a la bomba caída, todo tiembla, un rayo de luz se observa partir quebrando el hierro de la bomba, y el tiempo se detiene ante su mirada llena de pánico.
— Bueno, bueno… No tan mal por ser una principiante. Felicitaciones bonita. Pero como verá, ya estalló. Dejo avanzar el tiempo muy poco, y mueren. Se quedarán muertos del susto, y cuando digo muertos: es muertos.
— ¿Qué quiere? —dice Noemí.
— ¡Ja! Sabe no puede vencerme. ¿Ahora intenta sobornarme? —Hace una pausa el extraño vestido de negro y añade saltando el muro:— Cuénteme todo lo que están haciendo, no se preocupe, sus amigos apenas vieron el proyectil y el tiempo para ellos no está trascurriendo significativamente, aunque mejor no tarde mucho.
Y comenzó una especie de interrogatorio al cual Noemí contesta con la verdad, y del cual el extraño nada responde. Un interrogatorio muy largo para Noemí. La cual aguardando preocupada otra pregunta tal como: “¿Hasta cuándo se quedarán esperando a los extraviados?” “¿Qué piensan hacer si la policía los investiga?” “¿Qué piensan de sus habilidades?” “¿Qué harían con el tesoro?” “¿Por qué no le dieron los anillos al señor del olvido?” “¿Por qué no olvidaron todo yéndose a sus casas?”. Interrumpe:
— Ok. Veremos como continúan. Le voy a decir lo siguiente: Si hubiera querido los hubiera matado, puedo afectar la mente de otros, para entrando en un profundo sueño, afectarlos. No sabía que usted podía hacer lo mismo. Aunque… usted no tenga remota idea aún de todo lo que puede hacer, es una facultad temible en todos los mundos, incluso por compañeros. Luego, no pensaba ir tan lejos. Tengan cuidado los que afectan las mentes, hasta incluso podemos hacer creer cosas que no son, volverse dos amigos enemigos y matarse mutuamente ¡Je! ¡Lo qué es el poder de la imaginación!
Desaparece la bomba trémula y rajada a punto de estallar, luego todo salvo las personas, y aparecen en una pradera de campo.
— No atacaré, no deseo dañarlos. No hagan nada. Igualmente no le serviría…
— Ok —le responde Noemí.
A los gritos, los compañeros de Noemí se tiran al suelo, y/o se cubren asustados con los brazos, hasta cuando se dan cuenta del cambio de la escena. Carla va a hablar mientras el extraño se ríe, pero la interrumpe.
— ¡Silencio!
— Mejor háganle caso —dice Noemí. Añade:— Puede afectar las mentes y apenas pude hacer algo.
— ¡Ja! —dice el extraño vestido de negro—. Ahora volverán a estar conscientes en su vehículo. Escuchen, las puertas tienen un retardo en el tiempo, sus dos amigos que las han atravesado tardaron en llegar al otro lugar, algo más de quince días de este planeta. Cada ida o vuelta les da un desfase de tiempo, el pasar de una puerta a otra. En esos días el viajante no se da cuenta del transcurso del tiempo, hay algunas puertas, cuando llevan a lugares muy lejanos que tardan más, otras menos. Esta tarda poco más de quince días de ustedes a donde los llevé, pues puede conducir a distintos lugares, incluyendo algunos que son como morir, aunque eso es relativo, pero en fin. Es por la distancia en velocidad tiempo la tardanza en el viaje, y hacia dónde llevan, algo ya les han explicado.
— ¿Y por qué no nos lo dijeron dejándonos esperando? —dice Noemí.
— Muchacha, lamento no decirles más, sólo para compensar el injustificado susto dado... Por luchar un poco contra tí, Noemí. Les voy a dar dos recomendaciones. A nadie se las dirán si no desean mi venganza. Pues no puedo decirles nada, sólo debía preguntar. En primer lugar: Si no atravesarán las puertas no agarren nada de allí, y tendrán alguna oportunidad a volver a ser como lo eran antes. Luego de años. Y nunca se les ocurra hacerle frente al que llaman El Anciano. Ni a mí. Y en segundo lugar: les digo, si atraviesan la puerta… bueno… me agradan… yo la atravesé un día, y actualmente la atravesaría de nuevo de poder decidir, sabiendo todo lo que me ha ocurrido, háganlo todos son un lindo grupo. Ahora los dejo, nunca digan a sus compañeros estas dos recomendaciones, se supone la elección debe ser de ustedes, casi sin ayuda, y además están siendo probados. Ni siquiera las mencionen dando a entender que se las dije, o dijo: “el extraño”, “el que se mete en las mentes”, “el vestido de negro” o como sea me llamen. Podrían considerar que estaré de su lado si se vuelven guardianes en contra del olvido de las puertas y los objetos especiales.
El extraño mira a Noemí y le dice:
— ¡Si sigue será muy buena! ¡Ja! Cuando yo descubrí lo que podría hacer, fue en una pelea familiar. Le juro, fue más grande mi susto, que el de ellos ¡ja!¡ja! ¡Pensé, las cosas se movían solas! Salí corriendo y me encontré flotando en la nada ¡ja ja! ¡Qué susto me di! Muchacha… y ustedes. Aguarden… los devolveré a su realidad…
— ¿Puedo preguntar algo más? —Dice Noemí.
— Sospecho, pueden sus cuerpos inertes no estar tan bien luego del tiempo aquí pasado, cuando lo frené… tal vez haya transcurrido casi un minuto y medio desde su última respiración.
— ¡Sácanos de aquí! —Grita Flavia.
El extraño dice su repetitivo ¡Ja! Comienza a alejarse toda imagen provocada en las mentes por aquel, y sintiendo faltante el aire, estando un poco mareados y confundidos, vuelven a la realidad agitados. Noemí, habiendo allí descubierto su facultad, hace imaginar en la mente de los demás, la siguiente frase resonando en su voz:
— No hablen de lo ocurrido ni entre nosotros, sobre las dos recomendaciones de él que afecta las mentes —Todos la miran, añade en voz audible:— ¿Por qué mejor no nos vamos?
Al llegar, luego de terminar de recorrer el rumbo, ocultar la camioneta, cargar algunas cosas y emprender nuevamente caminando hasta donde estaban los demás… Llegando cansados y un poco alterados al campamento... al dirigir una mirada se llenan los corazones de alegría, al observar a Marcos abrazado a Mónica. ¡No podían ver algo mejor en ese momento! Preguntando por él y David corren a abrazarlo.
— Recién llego y no vi a David, en realidad atravesé la puerta un segundo. Vi hay un bosque bien cuidado, rodeado de cielo color naranja. Enseguida volví para atrás, a los segundos, y cuando volví aquí no estaban. Ni siquiera respiré en aquel lugar ¿En serio transcurrió un mes?
— Sí, más o menos… —responde Rubén.
Todos se fueron enterando del encuentro con el extraño que afecta las mentes, y de que les había contado sentados en un prado imaginario, sobre la tardanza poco mayor a quince días en esa puerta en particular, que parece ser la afecta él, o la puede programar de algún modo para llegar a un destino particular, y no a cualquiera. Todos se enteran en ese momento que luego de haber hecho muchas preguntas, dijo tal cosa el extraño que afecta las mentes. Se relató todo, salvo aquello que no debían decir, al menos por tal tiempo.
Se estuvo pendiente de si al rato llegaba David luego de Marcos, lo cual afortunadamente así pasó. El contó además de lo dicho por Marcos:
— Me pareció, había algo observando. Antes de explorar, intenté comprobar si podía volver. Llamé a Marcos, nadie respondió. Por cierto me siento más seguro y más fuerte. Es un poco extraño pero creo algo se transformó en mí para bien.
— Sí… —Añade Marcos—. Noté eso, que algo se transformó o terminó de hacerse. Creo, nunca volveremos a ser los mismos.
Al anochecer, se realiza una fantástica fiesta, donde fantástica fue algo literal. Hubo mucha diversión, algunos hasta que no pudieron estar más en pie del vino que se tomaron. Y se decidió luego de una charla, al día siguiente, atravesar todos la primera puerta.
Aún alejándose más de donde tal vez nunca se debería haberse ido cada uno; adentrándose así más en lo desconocido. ¿Pero quién puede saber el final de las cosas sin llegar a tal momento?




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