He dormido muy bien, profundamente. Me despierto con la luz de la mañana, y al mirar el móvil, veo un mensaje suyo “buenos días”.
Una sonrisa se dibuja automáticamente en mi rostro. No dice mucho, pero con esas palabras lo siento cerca.
Respiro hondo, respondo com un “buenos días” igual de sencillo y me acurruco un momento entre las sábanas
Me levanto, todavía con una sonrisa por el mensaje de Gonzalo, y me preparo para salir. Hoy he quedado con Noa para desayunar en el centro, así que el ambiente es ligero y alegre desde el principio. Me visto con algo cómodo pero que me haga sentir bien, y mientras camino hacia la cafetería, voy repasando mentalmente lo que le voy a contar a Noa, aunque todavía me sorprende que haya dormido tranquila después de todo.
Llamo a Noa y quedamos para tomar unas cervezas antes de ir a comer. Decido llevar a Kata conmigo, me encanta tenerla cerca y, además, siempre anima cualquier plan.
Nos encontramos en nuestro bar habitual del centro, y aunque no puede entrar con nosotras, nos sentamos en la terraza con Kata a nuestro lado, aprovechando que ha salido el sol. Ella se acomoda tranquila a mis pies, moviendo la cola de vez en cuando y recibiendo alguna caricia de los transeúntes que se acercan a saludarla.
– Entonces, ¿qué tal todo? – pregunta Noa, mirándome con curiosidad, sin saber todavía lo de Gonzalo.
– Bien, tranquila la verdad – respondo, acariciando a Kata–. Nada fuera de lo normal, aunque ayer no estuve sola, pero antes de que digas nada te tengo un planazo para esta noche– digo, dejando que la intriga flote en el aire.
— Tranquila, nada escandaloso – digo, sonriendo–. Pero antes de que te adelantes, quiero contarte mi plan para esta noche, bueno nuestro plan – le digo guiñandole un ojo – Gonzalo me ha invitado a una fiesta en una discoteca del centro. Y puedo llevar a alguien …
Noa se ilumina de inmediato, sonriendo y chocando su vaso conmigo.
– ¡Eso suena increíble! Claro que voy – dice, contagiando entusiasmo – Y además, así no vas sola y podemos liarla un poco.
– Noa – digo, tomando un sorbo de mi cerveza – Y tú, ¿qué tal llevas la ruptura?.
– Uf, no quiero mentirte, hay días mejores que otros – responde, encogiéndose de hombros–. Pero bueno, intento distraerme y seguir.
Asiento, dándole la razón.
– Sabes, creo que ha sido lo mejor que he podido hacer – confiesa –. Terminarlo, quiero decir. Era un chico que no me daba mi lugar, que no valoraba lo que merecía y además he visto que se ha puesto a seguir a un montón de chicas en Instagram – dice, frunciendo un poco el ceño –. No podía quedarme atada a eso.
– Madre mia… vaya personaje.
Terminamos nuestras cervezas y decidimos ir a comer algo rápido antes de empezar a prepararnos para la noche. Mientras caminamos por el centro, no puedo evitar sentir un cosquilleo de anticipación.
Al llegar a casa, dejo mis cosas en la habitación y me pongo a pensar qué ponerme. Reviso varias opciones, probándome vestidos, faldas y tops, y Kata me sigue a todos lados, moviendo la cola y mirando curiosa cada cambio de ropa.
– ¿Qué tal este? – pregunto, sosteniendo un vestido frente a mí mientras Kata se acomoda sobre la cama.
– Ese te queda genial – dice Noa por teléfono, desde su casa – Es elegante pero no demasiado, perfecto.
– Mira, ¿que te parece? – dice Noa, con una sonrisa de complicidad. – Un pantalon ancho negro, de pata de elefante, y un corsé granate que me estiliza el pecho.
No puedo evitar reírme y admirar su elección.
– ¡Madre mía! Te va a quedar increíble – le digo – . Ese corsé combina perfecto. Vas arrasar.
– Mira, estoy soltera y esto es un aviso, lo que se me ponga delante me lo llevo – dice Noa con una sonrisa traviesa mientras se ajusta el corsé.
– Vaya actitud – le digo –. Así cualquiera se rinde antes de tiempo.
– Eso pretendo – responde ella, guiñandome un ojo – Tú prepárate también, que no voy a ser la única protagonista – agrega.
Me pongo delante del espejo, observando como el vestido que elegí me queda perfectamente y como el maquillaje resalta mis rasgos sin exagerar. Luego, me detengo un momento frente al reflejo y pienso en el pelo.
– ¿Recogido o suelto? – me pregunto en voz baja, pasando las manos por mi melena.
Dejarlo suelto le daría un aire más relajado y natural, pero recogerlo resaltaría mi cuello y los hombros, además de darl eun toque más elegante al conjunto. Paso los dedos por los mechones, viéndome desde diferentes ángulos, mientras Kata se acurruca a mis pies.
Suelto, si.
Justo cuando estoy ajustando los últimos detalles frente al espejo, suena el móvil. Es un mensaje de Gonzalo.
“Hey, te paso la dirección de la fiesta. Nos vemos en un rato. Besos “
Una sonrisa se dibuja automáticamente en mi rostro. Siento como se acelera un poco el corazón y como los nervios y la emoción se mezclan en mi estomago. Releo el mensaje un par de veces y se lo reenvío a Noa.
Editado: 14.01.2026