El Guardian Del Coille: Herencia Maldita

PREAMBULO

PREÁMBULO

(Al teléfono)

—No, mamá, te dije que serían una o dos semanas allí. Quiero conocerla bien. ¿Por qué pones tantos peros? ¿Qué te preocupa tanto? Es nuestra familia.

...

—Pero claro, mamá, él dormirá allí también. Eso no significa nada. Tú lo conoces bien.

...

—¿Y qué peligro temes allí? Es un sitio antiguo, ¿no? Tradicional y tranquilo. Siempre tienes reservas para todo.

...

—Ya eso lo discutimos, mamá. Además, quedará de nuestra parte la intención de acercarnos. De que el rencor no nos ha invadido. ¿Enviaste la carta, no?

...

—Muy bien. Y aunque no hemos recibido respuesta, la oficina de correos certificó que la entregó, ¿no?

...

—Sí, ya sé que soy algo impulsiva, pero también soy racional. La prudencia guiará mis pasos, como decía la abuela.

...

—No te preocupes. Cuando regrese, empezaré de inmediato mi nueva vida, lo sabes bien. Estoy emocionada porque me hayan admitido en ese Centro en Manchester. Me encanta trabajar con niños.

...

—Está bien. Te amo mamá. Buscaré llamarte desde allá, ¿sí? Adiós.

La chica colgó y dejó la cabina telefónica pública. El aire frío de la tarde le despejó la mente mientras caminaba hacia el edificio de enfrente, la residencia estudiantil. Subió las escaleras y tocó la puerta. Otra chica le abrió.

—¿Y bien? ¿Ya hablaste con tu madre?

—Sí, respondió la recién llegada.

—No te veo con buen semblante. ¿Discutieron?

—No, no especialmente. Solo sus reservas de siempre. Una conducta enigmática cuando se trata de Escocia.

—¿Lo ves? Te dije que vinieras a vivir aquí conmigo. La hubiéramos pasado genial antes de que te graduaras. Muchos chicos… ji ji ji.

—Ay, Dios, Amy, ¿son todas las londinenses así de regaladas?

—Pero ¿qué dices? No soy una puta, solo un poco… desinhibida… y bastante cariñosa— Y soltó una risotada.

—Sabes bien que, viviendo en la ciudad con mi madre, es absurdo gastar dinero en residencia estudiantil. Además, no puedo permitírmelo económicamente.

Una corneta sonó dos veces desde fuera.

—Creo que llegó tu adorado tormento.

—Pues entonces, hora de despedirnos. Nos hablamos al regreso. Te quiero.

—Yo también. Y si te consigues un pelirrojo atractivo, tráetelo en el auto.

La chica la miró con una media sonrisa.

—Tú no cambias, Amy. Me voy. Besos.

Tomó su bolso, salió y abordó el vehículo.

—¿Lista? —le preguntó quien estaba al volante.

—Sí. Las Highlands… allá vamos.



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En el texto hay: thriller gotico

Editado: 01.02.2026

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