
Despertó agitada y con dolor de cabeza. Todo giraba. Intentó respirar de manera acompasada. Al moverse, notó que todo alrededor era blanco.
No entendía nada.
Las paredes, el colchón, las sábanas, su propia bata… todo blanco.
¿Una habitación? ¿Una cama? ¿Dónde rayos estaba? Recordaba el bosque, y ahora…
Alguien golpeó la puerta. Se entreabrió apenas y unos ojos azules la observaron por un instante. Luego se abrió del todo y entró un hombre alto, flaco, de nariz prominente, con uniforme oscuro y una gorra policial con la banda ajedrezada y una insignia plateada coronada: un rango alto.
Con un marcado acento escocés y expresión contenida, el hombre esbozó una media sonrisa.
—Hola, Laura. Ya despertaste. ¿Cómo te sientes?
Ella, aún abrumada por el cambio de ambiente pero algo recuperada del mareo, respondió:
—Mejor… un poco aturdida… ¿Y usted es…?
—Soy el capitán Fergunson, de la policía del condado. Mucho gusto —dijo con suavidad, pero firme—. Sé quién eres. Conozco a tu tía abuela.
—Hablé con tu novio, Robert—prosiguió—. Él te sacó del bosque hasta la carretera y, por suerte, un vecino del pueblo pasaba por allí en su camión. Los trajo hasta este dispensario rural. Luego nos avisaron. ¿Te sientes bien para responder algunas preguntas?
Laura respiró hondo y asintió.
—Bien —continuó él—. Según tu novio, vinieron a pasar unos días con tu tía, lo cual le hace bien a ella. Después salieron hacia el lago por el bosque. ¿Correcto?
Laura volvió a asentir.
—Robert me comentó que regresaste sola al viejo torreón, mientras él atendía un asunto personal, y que se verían allí. Me gustaría que me explicaras el resto.
Laura bajó la mirada. Vio la sonda conectada a su brazo y el suero que goteaba lentamente. Se volvió hacia Fergunson.
—¿Estoy en algún problema?
El capitán negó meneando ligeramente la cabeza.
—En absoluto. Solo necesito aclarar los hechos. Puedes continuar.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Fui al torreón a esperar a Robert… Entré y quise subir los escalones para tener una vista del bosque y del lago. Me encanta ese lugar. Escuché ruidos. Me asusté porque venían personas desconocidas. Me quedé quieta… —le costaba ordenar los recuerdos—. Luego oí un caballo, un carretón… y más tarde motocicletas. Era como una reunión secreta, no sé, por la manera en que hablaban: gritos, insultos, amenazas…
—¿Amenazas? —interrumpió Fergunson.
—Sí. Algo sobre una deuda que alguien no podía pagar. No recuerdo con claridad.
—¿Pudiste verlos?
—No.
—¿Ellos te vieron a ti?
—No.
Fergunson hizo un gesto para que siguiera.
—El hombre del carretón se fue. Los otros se quedaron fumando… alguna droga. Olía a hierba, cannabis.
El capitán abrió un poco los ojos y asintió.
—Y entonces… —Laura omitió deliberadamente la parte en que ellos sospecharon de su presencia—. De pronto gritaron algo, vieron… no sé qué, y salieron huyendo. Escuché gritos en dirección al bosque mientras aceleraban las motos. Después un golpe fuerte. Me asusté y bajé corriendo. Quería irme, buscar a Robert, pero… también sentí curiosidad. Sé que fue imprudente. Imaginé que había ocurrido un accidente y quise ver quiénes eran.
Hizo una pausa para tragar saliva.
—Caminé con cuidado, casi sin respirar. Y vi… —cerró los ojos— ese cuerpo destrozado. No sé si un animal lo atacó, lo digo por las vísceras expuestas o si fue el impacto contra los árboles… No pude soportarlo. Todo se oscureció. Perdí el sentido hasta que desperté aquí.
Fergunson guardó silencio unos segundos.
—Han pasado más de cuatro horas desde el incidente. Aún no hemos informado a tu tía abuela. Como ya estás mejor, puedo enviarte con una patrulla a su casa.
Hizo una pausa.
—Ahora, solo un par de preguntas más —añadió.
Laura asintió.
—Sé que llevas poco tiempo en la villa y no conoces a casi nadie, pero… ¿identificaste a alguno por la voz?
—No —respondió ella.
—¿Mencionaron algún nombre?
Laura recordó uno. El tono, la forma en que lo habían
dicho. Sintió un pinchazo de intuición, como si ese nombre importara.
Pero decidió guardárselo. Quería investigarlo por su cuenta.
—No… no lo recuerdo —respondió finalmente.
—Bien —dijo Fergunson, poniéndose de pie—. Si recuerdas algo, búscame en la delegación. Te recomiendo que tengas cuidado. Los bosques y páramos son hermosos, pero no están exentos de riesgos. Estos hombres andan en malos pasos. Peligrosos. Y, por favor, como estamos dentro de una investigación policial, te agradecería la discreción pertinente con este caso.