El Guardian Del Coille: Herencia Maldita

CAPÍTULO IX: CERDOS

En una mesita, alejada de la barra en el pequeño pub, dos hombres jóvenes hablaban entrecortado y muy bajo.

—¿Estás seguro? —dijo uno.

—Sí… bueno, eso creo. Sabes que mi prima sale con el cerdo rubio, el asistente de Fergunson. Él se lo dijo.

El otro, algo nervioso, echó una bocanada de humo por la ventana entreabierta. Luego, mirando a su alrededor, dijo:

—¿Y fue Slash?

—Dijo que había sido el biker más grandote. Se estrelló en el bosque con la moto. Dijo que todas sus vísceras quedaron esparcidas.

El otro movía nerviosamente el pie bajo la silla, golpeando repetidamente el suelo con el tacón de su bota.

—Entonces Pike sigue vivo —dijo súbitamente—. ¿Qué habrá ocurrido?

—¿Qué rayos hacías tú con ellos en el bosque?

—Me dieron mercancía. Sabes que necesito plata urgente… mierda, ya no soporto tanta miseria. Ya casi no tenemos nada. Pero no he podido vender algo fuera de esta zona.

Le dio una fuerte calada a su cigarrillo y después de exhalar el humo, prosiguió.

—Les debía el dinero. Decidí que nos reuniéramos fuera de la vista de todos, de esos cerdos polizones. Fuimos al Torreón, cerca del lago.

El otro abrió los ojos.

—Pero, Angus, ¿te has vuelto loco? —dijo subiendo un poco la voz, lo que captó brevemente la atención de Connor en la barra, mientras secaba unas copas.

—Sssshhhh… habla bajo, imbécil.

—Bien sabes que ocurren cosas por ahí. En el Coille… dicen que esta embrujado. Al igual que esa casa de los Finnegan.

—Ya solo queda la anciana, aunque ahora su sobrina nieta anda por aquí con ese mariquita del novio. Los cerdos de Fergunson nos vigilan, así que busqué algo alejado. El Torreón era ideal. Pero eso ya no importa. Si él murió, quizás ya me liberé de esa deuda.

—No te fíes, Angus. Pike podría volver para reclamar lo de Slash.

—Bah. Ese no me asusta. No es nada sin él. Pero en verdad creo que debería irme de una puta vez de aquí. Estoy harto. Espero que no descubran que me reuní con ellos en el bosque, aunque tampoco pueden probar algo. No hubo intercambio de nada, ni siquiera dinero —y entonces apuró el resto del vaso de cerveza.

&

En la estación policial, el capitán Fergunson sostenía una reunión con su segundo oficial.

—¿Qué opinas? —dijo Fergunson.

—El impacto fue fuerte. La columna se desprendió. A veces pasa. El informe del forense va a tardar una semana; los de Glasgow son muy lentos. Pero… es mejor mantener todo discreto y alejado de la prensa impertinente. Sería una mala reputación para la villa, además del pánico colectivo que se produciría.

—¿Qué los habrá asustado? ¿No se encontraron huellas? ¿Algún rastro extraño?

—Nada, jefe. Solo marcas de neumáticos de motocicleta ya casi borrosas, botas. La Lluvia arruinó todo. Mucho barro.

—¿Y qué hacían allí, en ese sitio abandonado? —continuó Fergunson, como formulando la pregunta para sí mismo.

—Reunión de viciosos. La identificación de las huellas no ha llegado del Archivo Policial Central, pero diría que era una banda cobrando un negocio turbio, según lo que dijo la chica… robo, drogas o alguna gamberrada. Ella tuvo mucha suerte que no la descubrieran escuchándolos.

—¿Quién crees que era el de la carreta?

—¿Y lo preguntas? Lo sabemos bien, Jefe. Siempre un Campbell metido en algún problema de estos. Angus es el peor. Probablemente él.

—Lo hemos vigilado por mucho tiempo —dijo Fergunson—. Se ha cuidado. Pero va a caer.

Luego continuó.

—No obstante, no hay pruebas—reflexionaba el Capitán—. Elegir ese lugar de encuentro… sabes lo que sucede a veces por esos parajes y en los páramos. Me sorprende que Emma Finnegan les haya permitido a esos chicos caminar por esa zona en esta época del año. O a lo mejor no lo sabía. Qué carajos, nunca podemos aclarar esos ataques.

—Eso te frustra, ¿no? Una espina en el culo que nunca se puede uno sacar. No has sido el único. Los jefes anteriores también se atormentaban por no poder resolverlos. Muy difícil en un pueblo donde nadie habla. Se guardan secretos.

—¿Crees en fantasmas, Roy?

El aludido tardó en responder.

—No sé qué creer. A veces es mejor no tocar ciertos temas, como supersticiones y secretos antiguos. Es como intentar atrapar el alma de una persona moribunda con una bolsa plástica.

Fergunson cavilaba. Luego hizo un gesto despidiendo a su segundo para que abandonara su pequeño despacho.



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En el texto hay: thriller gotico

Editado: 01.02.2026

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