
Los orígenes del clan Campbell, así como los de casi todos los clanes de Escocia, se remontan a la Edad Media, y su historia está llena de conflictos.
En aquellos tiempos, los páramos y montañas eran más solitarios, y los grupos o familias rivales se disputaban los valles y tierras fértiles: territorios extensos que, en ocasiones, defendían aliándose bajo la protección de algún señor feudal de la zona, fungiendo para él como vigilantes, caporales o ejecutores a sueldo.
Los enfrentamientos violentos eran frecuentes, dada la anarquía generalizada que reinaba en gran parte del país, producto de la turbulencia política y territorial con la vecina Inglaterra, así como de las luchas internas entre los propios nobles escoceses, que arrastraban al campesinado a sus reyertas por poder y ambición.
Los Campbell fueron uno más de estos grupos: integrados por miembros con lazos familiares entre sí, o por relaciones afines entre vecinos de un mismo territorio. A veces se incorporaban nuevos integrantes: vagabundos errantes que buscaban protección bajo el cobijo de un clan fuerte, aunque ocupando siempre el rango jerárquico más bajo que se les asignaba: sirvientes, mandaderos, recogedores o limpiadores de estiércol, cargadores de armas o herramientas para las batallas.
Estos últimos también llevaban los sacos más pesados con alimentos e, incluso, cuando no había caballos o asnos disponibles, debían transportar a mano o sobre la espalda a los miembros más ancianos durante los recorridos nómadas del clan.
Los clanes tenían una estructura similar a las manadas de lobos.
De hecho, el estandarte que usaban los Campbell en sus peleas y reyertas era el de un lobo pintado burdamente sobre piel seca de carnero, o bien huesos y calaveras de estos cánidos, portados sobre las cabezas de sus líderes.
Pero si hubo algún clan al que los Campbell odiaran con toda su alma en aquella época, debido a disputas fronterizas, fue al clan rival de los MacGregor.
El enfrentamiento con los MacGregor
Los Campbell vivían en un pueblo aislado de las montañas de Escocia, donde el pastoreo era su principal medio de subsistencia. También eran conocidos por sus actividades ilegales y por ser un clan violento y temido por los habitantes de la región.
Un día funesto, hace ya mucho tiempo, se encontraron con un grupo de MacGregor, igualmente conocido por su violencia y sus actividades ilícitas.
Como casi siempre, fue una disputa territorial —por la adyacencia a una tierra de pastoreo que ambos grupos reclamaban como propia— lo que encendió la chispa.
Cuando se encontraron en la planicie, los miembros de ambos clanes se miraron con desafío, intentando demostrar su superioridad. Hubo gestos obscenos, manos en los genitales, gritos, golpes al suelo levantando tierra y posturas amenazantes.
La tensión creció hasta que finalmente estalló la violencia.
Campbell y MacGregor se atacaron mutuamente con cuchillos, garrotes, piedras y espadas, en una confrontación sangrienta que duró horas. Se retiraban por momentos, solo para volver en cargas esporádicas contra los miembros del bando contrario que aún permanecían en pie.
Al final, los Campbell salieron victoriosos, aunque con muchos heridos y varios muertos.
Pese a sus familiares y compañeros caídos, cometieron la gran insensatez de no velar a sus muertos, como dictaba el ritual tradicional de duelo entre clanes. Tampoco respetaron el tiempo de luto de sus enemigos.
Por el contrario, se jactaron de su victoria y difundieron la noticia por toda la zona.
Su alegría fue efímera.
Los MacGregor no tardaron en preparar su venganza.
Para evitarlos, los Campbell se internaron en las montañas contiguas hacia el noreste, trasladando con ellos a sus familias y animales de granja.
Los MacGregor, astutos, supieron que solo debían esperar.
Un día en que los Campbell se sentían seguros —con fogatas abiertas y profusas que delataban sus posiciones—, atacaron.
Los arrinconaron en la montaña en una pelea intensa. El clan MacGregor era más numeroso: habían sumado aliados y familiares de villas vecinas. Los Campbell perdieron muchos hombres.
Esta vez, los MacGregor salieron victoriosos y les impusieron el exilio de aquellas tierras.
Humillados y derrotados, los Campbell abandonaron la región y se asentaron con el tiempo en el territorio circundante que siglos después sería la villa donde se establecerían los Finnegan.
La llegada de los forasteros
Con el paso del tiempo, la mala reputación de los Campbell volvió a imponerse en su nuevo asentamiento. La mayoría de los habitantes del pueblo les temía y evitaba cualquier contacto directo con ellos.
Se decía que eran bandidos sin escrúpulos.
Dentro de esa fama oscura, se recuerda un hecho que ayudó a perpetuarla, aunque algunos sostienen que no es más que una leyenda.
Se cuenta que unos forasteros llegaron al pueblo cercano donde moraban los Campbell. Buscaban lana de oveja de alta calidad. Los Campbell notaron su presencia y decidieron sacar provecho.